Una de las preguntas que enfrentamos los meditadores es: "¿Porqué meditamos?" Supongo que ninguno de nosotros meditaríamos si no hubiéramos pensado que la vida no es solo producir o consumir. Sabemos que no podremos encontrar algo permanente o significativo que vaya mas allá del producir o consumir. Entonces buscamos lo duradero, el significado último. Llegamos a la meditación porque un instinto interno nos dice que no lograremos encontrar la satisfacción en consumir o producir ni tampoco podremos encontrar esa satisfacción fuera de nosotros mismos. Debemos comenzar con nosotros mismos.
En nuestra sociedad mucha gente enfrenta los problemas del ser, de la vida, de lo que ésta significa y busca refugio en la inconsciencia o en el olvido. Se puede sintetizar con esta frase: “Estar mentalmente drogado”. Marx, una de las influencias más formativas de nuestra sociedad veía la religión como el opio de los pueblos. De cierta forma podemos volcarnos a la religión como una forma de anestesia para confrontar o colocarnos en un estado de inconsciencia. Pero la meditación cristiana nada tiene que ver con la anestesia. La meditación es el camino a la iluminación, hacia la luz y hacia la vida. El mensaje de Cristo es de vitalidad y de iluminación. Y el camino para ello es un camino de sencillez, de no distraernos por todo aquello que pasa, sino que cada vez nos comprometemos más con lo que es duradero y eterno.Nuestro propio espíritu es duradero. Nuestro propio espíritu es eterno en Dios. Esto está bien como reflexión intelectual o religiosa, incluso, como convicción religiosa. Pero el llamado del Cristianismo es un llamado auténtico de una verdadera doctrina espiritual – abrirte a tu espíritu eterno, abrirte a estar arraigado en lo Eterno. Empieza a hacer camino, empieza tu peregrinaje a la luz, a la plenitud del significado. Entonces, cuál es el camino?Es un camino de pobreza y de simplicidad, porque el camino a la plenitud del conocimiento es el camino de des-aprender. Permíteme recordarte cómo es el camino de la meditación: Primero siéntate y permanece quieto. Cierra tus ojos y comienza a repetir tu palabra, ´Maranatha¨. Recita tu palabra con toda atención, pero relajadamente, repítela con toda lealtad pero serenamente en cuatro sílabas igualmente acentuadas: ´Ma-ra-na-tha´.Repetimos esta palabra porque estamos haciendo un peregrinaje más allá de nosotros mismos, más allá de nuestras limitaciones. Para poder ir más allá de nosotros mismos debemos trascender nuestra imaginación, y la palabra es el camino, el vehículo que nos lleva hacia delante. El reto de la meditación es el poder tomar la disciplina de repetir la palabra y al continuar diciéndola aprendemos a ser pacientes, aprendemos a esperar y al movernos hacia delante, llegamos a nuestro centro. El camino a la riqueza duradera es un camino de pobreza. El camino a la iluminación es por la oscuridad. Debemos pasar por esto con una mayor disciplina y con una mayor lealtad.Pero debemos comprender esto – es un camino sencillo. Es integralmente sencillo. Es un camino seguro. Lo único que se requiere es el retornar diario a ello – sin exigencias ni medidas de éxito materialistas. Simplemente la fidelidad, la simple pobreza de espíritu.
Cada mañana y cada noche dedicas tu tiempo no a aquello que pasa, sino a lo que perdura: a tu espíritu vivo y lleno de la luz de Dios. Tenemos un llamado maravilloso. Escucha como lo describe San Pablo a los Tesalonicenses:“ Nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quiénes Dios ha elegido desde el principio para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe verdadera. A ésta precisamente os llamo por medio de nuestro evangelio, para que alcanzaseis la gloria de nuestro Señor Jesucristo”.
El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.
jueves, 3 de marzo de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
La pregunta clave
Al explorar esta pregunta de Jesús,”¿Quién dicen ustedes que soy?”, he llegado a sentir que lo importante de esta pregunta es que nosotros aprendamos a escucharla. No se trata simplemente de encontrar la respuesta correcta, o muchas respuestas, sino que en realidad aprendamos a entender escuchando y que se produzca un cambio en nosotros al escuchar.Quiero volver a la meditación para explorar cómo podemos escuchar esta pregunta de la manera más profunda. Veremos entonces que la meditación es una forma de silencio y auto trascendencia, una forma de relación y soledad, una forma de leer sin palabras, de conocer sin usar el pensamiento. A través del auto conocimiento el meditador es llevado al umbral del conocimiento de Dios dentro de una relación con Jesús. Esta relación con Jesús no pide nada de nosotros salvo la entrega total del ser. La meditación, a la luz de la fe Cristiana, es un profundo encuentro con la mente de Cristo. Nos encontramos con Cristo Resucitado aunque todavía no lo reconozcamos completamente ni lo nombremos.La meditación inaugura una manera de ser completamente nueva. Es mucho menos una técnica que un modo de vida. Se inicia por la gradualmente emergente experiencia de la comunión, unidad con uno mismo y con los demás que va más allá de lo límites de toda relación dual. A pesar de que la mayoría de la gente está apasionadamente interesada en sus relaciones y las consideran lo más sagrado de sus vidas, las relaciones como tales son sólo una etapa en la jornada humana.Más allá de las relaciones- en el silencioso corazón de las mismas, donde se derrumban las paredes que nos dividen- está la unión. En una relación siempre estamos mirando al otro separado de mí. El mirar, la distancia implicada en la objetivación de la otra persona, crea el sufrimiento inherente a toda relación. Es el sufrimiento del conflicto que surge del deseo del ego de poseer y controlar. Es también el sufrimiento causado por la eventual e inevitable pérdida del que amamos. Sin embargo, en la unión, no puede existir la necesidad de poseer porque el deseo mismo ha sido trascendido. Los límites del egoísmo se disuelven. La singularidad abraza a la singularidad y encuentra el ser en los demás, la igualdad en la diferencia. El miedo y el deseo, la dominación y la sumisión se terminan. Lo que se gana es más de lo que el deseo haya podido alguna vez fantasear. Cuando las relaciones humanas, rara vez y con frecuencia muy brevemente, tocan este grado de plenitud, pueden ser realmente llamadas amistades espirituales. Ellas descubren su destino y potencial como modos de compartir a través del Espíritu en la comunidad divina del amor. En la unión el prójimo se comparte, se entra en él, se absorbe en vez de verlo afuera de mí. Estamos dentro de los demás y ellos están dentro nuestro.Todo esto es el fruto de la meditación. La semilla de la unión se encuentra, en este momento, en nuestra naturaleza humana esperando germinar. La meditación acepta esta invitación y nos prepara para la muerte que el crecimiento exige. Es importante darse cuenta de todo esto antes de empezar a meditar. La comprensión de esto nos libra de innecesarios falsos comienzos y modera la impaciencia. Nos ayuda a ver que el lugar donde debemos buscar los frutos de la meditación no es en el período mismo de meditación, lo que sucede (o no) – sino en el modo y en la calidad de nuestras vidas, particularmente en nuestras relaciones. No buscamos que pase nada extraordinario en la meditación. El asunto es ver la presencia de Dios todos los días transformar nuestra percepción de la realidad, no transformar el mundo para adecuarlo a nuestros planes, tratar de vivir “en otro mundo”. No es un escape de los problemas de la vida. No es sencillo. Pero es- y este es el aspecto más importante a descubrir de la meditación- completamente simple. La felicidad y la paz más allá de todo entendimiento que de ella resultan, es lo que sucede.A la meditación no le concierne tanto nuestra relación con Dios como nuestra unión con Dios. Esto no quiere decir que toda nuestra relación con Dios (junto con las ideas, las imágenes y el diálogo que ésta implica) se termine. La idea de relación continúa siendo el marco necesario para entender y decidir. Continúa siendo un lenguaje importante de la vida. La relación continúa durante tanto tiempo como nosotros continuemos expresándonos o pensando en términos de nuestro propio “yo”, es decir, hasta el final de los tiempos. Pero la relación también cambia radicalmente con la meditación. El lenguaje de la relación se mejora y se vuelve más significativo. Nuestro conocimiento y amor por Dios no se para en la etapa de la simple relación, sino que, como todo amor desea hacerlo, sigue avanzando hacia una unión completa. La meditación cambia completamente la manera que tenemos de entender a Dios. La consecuencia inmediata de esta profundización se siente en las relaciones con los demás. También es perceptible en el modo en que nos sentimos parte de la naturaleza. La humanidad de Jesús y su relación con el universo llegan para ser experimentados desde nuestro interior. El cambio que se experimenta en todas estas dimensiones generalmente se describe como el regreso a casa. El regreso a nosotros mismos y a nuestra innata capacidad de trascender.La meditación tiene gran importancia para el mundo moderno. La meditación es una fuente muy importante de esperanza y visión para el próximo milenio. El Cristianismo se renueva a través de la recuperación de su tradición contemplativa. Una vez superada su crisis un Cristianismo contemplativo se unirá a otras religiones como un mediador de acción compasiva y sabiduría sanadora para el mundo.Por medio de la recuperación la práctica del la meditación, la religión y la espiritualida , que en la actualidad se están separando rápidamente, pueden volver a armonizarse. Después de todo, la religión y la espiritualidad comparten la misma meta de elevar el espíritu humano. Una espiritualidad más profunda significa una oración más profunda. Y la salud de la religión es igual a la calidad de su vida de oración. Para encontrar la profundidad debemos retornar a las raíces dadoras de vida de la religión. Debemos abrazar algo antiguo como si fuera nuevo para que pueda nacer un modo contemporáneo de ver a Jesús, de escuchar su pregunta y de decir quien es Él. Su pregunta es intrínseca a la búsqueda de significado, de paz y de justicia y de una buena vida por parte de nuestra cultura. También habla sabiamente a todo lo que hoy entendemos como auto conocimiento, realización personal y trascendencia. Su pregunta puede ayudar a guiar la búsqueda del hombre moderno siempre que podamos encontrar el silencio desde donde escucharla.La tradición Cristiana nació en la primera experiencia de Cristo resucitado. Se renueva continuamente retornando a las raíces de esa experiencia. Para entender el significado Cristiano de la meditación primero debemos ver como se funda en las enseñanzas de Jesús. Los elementos principales de la meditación se encuentran en la gran enseñanza acerca de la oración en El Sermón de la Montaña.
Laurence Freeman OSBExtractos de su libroJesús, el Maestro Interior.
Laurence Freeman OSBExtractos de su libroJesús, el Maestro Interior.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Muerte y Resurrección
San Benito decía a sus monjes: “Ten siempre presente a la muerte”. Casi no hablamos de la muerte en nuestro mundo moderno. Pero lo que la tradición Cristiana nos dice es que si queremos ser sabios debemos tener presente que nada nos ata. Nacemos, crecemos, maduramos y después debemos prepararnos para el fin de esta vida mortal. Lo que los hombres sabios del pasado y del presente nos dicen es que para tener bien enfocada la vida, debemos también tener la muerte en la perspectiva de nuestra visión. La muerte es importante pues nos hace percatarnos de nuestra frágil condición humana. Debemos estar constantemente concientes de la mortalidad de la vida.Este conocimiento de la muerte es la fuente de la compasión, del perdón, de la amabilidad – pues la muerte nos permite estar concientes de nuestra debilidad y de nuestra mortalidad. Podemos ser nobles ante la expectativa de la muerte, pero no orgullosos. Entonces la muerte es importante porque nos enseña la compasión y la humildad. Es en el corazón compasivo y humilde donde se manifiesta el poder de Dios. “Cuando estoy débil, es cuándo soy fuerte” (Regla de San Benito, Capítulo 4).Hablar de la muerte es un tema difícil de ser comprendido por el mundo. De hecho, la fantasía principal de nuestro mundo consiste en tener una visión completamente opuesta; no la visión de nuestra propia mortalidad, sino la fuerte fantasía de que somos inmortales y que podemos superar nuestras debilidades físicas. Pero la sabiduría de la tradición de la que nos habla San Benito, es que al ser concientes de nuestra debilidad física podemos también ver nuestra fragilidad espiritual. Hay una profunda conciencia de esto en cada uno de nosotros, pero es tan profunda que casi siempre la mantenemos muy enterrada, por lo que debemos hacer contacto con la fuente de la plenitud y de la vida. Debemos entonces hacer contacto con el poder de Dios y de alguna manera, abrir nuestra frágil conciencia terrenal, al eterno amor de Dios, al amor que no puede ser destruido. Todos sabemos, aunque sea ligeramente en algún nivel de nuestra conciencia, que nuestros cuerpos mortales necesitan de esta nueva vida de amor. La meditación es el camino para estar totalmente despiertos, en este profundo nivel, donde encontramos la verdad básica sobre la condición humana y donde aprendemos a que cada uno de nosotros fuimos creados para una infinita expansión de la mente y del corazón.La meditación es una forma de poder pues nos permite comprender nuestra mortalidad. Es la manera de poder mantener nuestra propia muerte bien enfocada. Esto es posible porque es un camino que va más allá de nuestra mortalidad. Es el camino que supera nuestra muerte a la resurrección, a la vida eterna, a la vida que surge de nuestra unión con Dios. La esencia del Evangelio es que estamos invitados a vivir esta experiencia hoy, ahora. Todos estamos invitados a morir, a morir a nuestra auto-importancia, a nuestra auto-exclusividad. Estamos invitados a esto porque Jesús murió antes que nosotros para resucitar de la muerte. Nuestra invitación a morir es también una invitación para resucitar a la nueva vida, a la comunidad, a la comunión, a una vida plena sin miedo. Supongo que sería difícil estimar qué es lo que a la gente le causa más temor – a la muerte o a la resurrección. Pero en la meditación perdemos todo nuestro temor porque aprendemos que la muerte es la muerte al miedo y que la resurrección es una nueva vida.Cada vez que nos sentamos a meditar entramos a este eje de la muerte y de la resurrección. Lo hacemos porque en la meditación vamos más allá de nuestra vida y de sus limitaciones y entramos al misterio de Dios. Descubrimos, cada uno de nosotros por nuestra propia experiencia, que el misterio de Dios es el misterio del amor, del amor infinito, que destruye todo el miedo. Esto es nuestra resurrección, nuestro surgir en total libertad, cuando logramos enfocar la muerte y la resurrección. La meditación es el gran camino para enfocar nuestra vida a la realidad eterna de Dios, a la realidad eterna que se encuentra en nuestro corazón. La disciplina de repetir el mantra cada mañana y cada noche tiene ese objetivo supremo – enfocarnos totalmente en Cristo con una clara visión de lo que somos en nuestra realidad. Esto es lo que dijo San Pablo a los Romanos:“Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven”. (Rom. 14:7-10)Meditamos para poder entrar al significado de estas palabras.
jueves, 4 de noviembre de 2010
En compañía de Jesús
En una "previa encarnación" esto es, antes de que me convirtiera en monje – trabajé en el Servicio de Inteligencia y uno de mis trabajos era localizar las estaciones de radio del enemigo. Entonces teníamos que ajustar nuestros radios para descubrirlo. Pero el enemigo era muy listo y si estaba operando por ejemplo en una frecuencia de 90 metros, enviaban un fuerte ruido en una distancia de 91 metros. Entonces para poder encontrar su frecuencia, debíamos ser extremadamente cuidadosos al ajustar nuestros radios. Pero nos gustaba pensar que éramos tan listos como el enemigo y entonces cuando encontrábamos la frecuencia en la que operaban, nosotros tomábamos cristales de cuarzo y los conectábamos a nuestro radio. Entonces nuestro radio captaba la señal del enemigo muy claramente y no se escuchaban los ruidos o interferencias.Recordaba yo esto el otro día y me llamó la atención que el mantra es como el cristal de cuarzo. El enemigo que todos tenemos que enfrentar, nuestro ego, nos manda todo tipo de señales, todas contrarias a la señal de la frecuencia de Dios y lo que tenemos que hacer es encontrar la exacta frecuencia de Dios, o tan exacta como podamos. Como todos saben por experiencia, el mantra no es una varita mágica. El aprender a decir tu mantra significa seguir un camino en el que todo en tu vida se entona con Dios. Y, de cierta forma, toda tu vida se entona con el mantra.
La esencia del mensaje Cristiano es que Dios es una realidad presente, y esto significa que Dios es la realidad que se nos presenta. Si piensas por un momento que “Dios es presente” empiezas a comprender que Él está presente en cada momento de tu vida y esto es por la extrema generosidad de Jesús.La Presencia se comunica a través de Jesús. El llamado para cada uno es responder a su presencia y vivirla. Para poder responder a su generosidad debemos hacernos presentes ante Él. Esto significa que debemos abrir nuestro corazón totalmente y todo el tiempo. La generosidad de Jesús nos exige que busquemos su presencia generosamente, no para que nos hagamos más sabios o más santos, ni tampoco para que poseamos a Dios, pero simplemente es correcto y deseable que respondamos a su generosa entrega, a su sacrificio.El reto de la meditación es que nos hace enfrentarnos con la pregunta redentiva básica que es: ´¿Buscamos a Dios o nos buscamos a nosotros mismos’´. Otra manera de decirlo es, ´¿Buscamos nuestro destino solo bajo nuestros límites, nos buscamos a nosotros mismos solo con nuestros propios recursos, o buscamos nuestro destino fuera de nosotros, en Dios?´ De esto justamente se trata la meditación – buscamos romper los límites impuestos por nuestro egoísmo. La tragedia de Fausto, por ejemplo, es que cambió su destino eterno por lo pasajero, por los límites mundanos. La tragedia de Fausto es que él sabía lo que había hecho. Es ese conocimiento lo que crea tanta ansiedad y miedo en nuestra sociedad.Ahora bien, el reto para nosotros no es rechazar al mundo o rechazarnos a nosotros mismos. El reto es aprender a sacrificarnos. Sacrificar significa ofrecer algo a Dios, y en la ley de los judíos se le llamaba holocausto – se daba todo a Dios. Es esto lo que hace la meditación a nuestra vida. El mantra, nuestra meditación, nos permite renunciar totalmente a nosotros, para ofrecernos totalmente, en nuestra integridad, a Dios. Nos ayuda hacernos un holocausto en que todo lo que somos se lo ofrecemos a Dios incondicionalmente. Por esta razón solo mantenemos el sonido del mantra. Cuando el momento llegue, estaremos preparados para entregarnos también, pues en la meditación estamos totalmente a su disposición.Existimos solamente en su presencia y estamos en su presencia gracias a su generosidad. La maravilla de la meditación es que en este auto-sacrificio y renuncia de nosotros mismos, su Presencia se convierte en nuestra presencia y su generosidad se convierte en nuestra generosidad. A la medida que perseveramos con la meditación, la renuncia a nosotros mismos se hace más completa, el sacrificio se hace más perfecto y por lo tanto la generosidad aumenta constantemente. Es por esta razón que insisto tanto en la importancia de repetir el mantra del principio al fin durante todo el periodo de meditación. No a los pensamientos, no a la imaginación, no a las palabras, no a las ideas. Recuerda el holocausto, el sacrificio. Ahora bien, esta es una de las cosas más importantes que podemos hacer como seres humanos – ofrecer nuestra conciencia a Dios. Al ofrecerla, nos volvemos totalmente concientes.Esta es la experiencia de San Pablo cuando habla de la cercanía de Dios:´Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús´. (Filipenses: 4-7).Lo que debemos de hacer es buscar absolutamente esa paz. Algunas personas podrían pensar que no es sabio hablar del compromiso absoluto al que Jesús nos llama. Algunos pueden pensar que tan solo escuchar esto es solamente para los expertos. Pero hasta donde yo puedo comprender, la invitación de Jesús es para cada uno de nosotros – de tomar nuestra cruz, de seguirlo al Calvario, de acompañarlo en su sacrificio y de ir con Él hacia el infinito amor del Padre.
John Main OSB
La esencia del mensaje Cristiano es que Dios es una realidad presente, y esto significa que Dios es la realidad que se nos presenta. Si piensas por un momento que “Dios es presente” empiezas a comprender que Él está presente en cada momento de tu vida y esto es por la extrema generosidad de Jesús.La Presencia se comunica a través de Jesús. El llamado para cada uno es responder a su presencia y vivirla. Para poder responder a su generosidad debemos hacernos presentes ante Él. Esto significa que debemos abrir nuestro corazón totalmente y todo el tiempo. La generosidad de Jesús nos exige que busquemos su presencia generosamente, no para que nos hagamos más sabios o más santos, ni tampoco para que poseamos a Dios, pero simplemente es correcto y deseable que respondamos a su generosa entrega, a su sacrificio.El reto de la meditación es que nos hace enfrentarnos con la pregunta redentiva básica que es: ´¿Buscamos a Dios o nos buscamos a nosotros mismos’´. Otra manera de decirlo es, ´¿Buscamos nuestro destino solo bajo nuestros límites, nos buscamos a nosotros mismos solo con nuestros propios recursos, o buscamos nuestro destino fuera de nosotros, en Dios?´ De esto justamente se trata la meditación – buscamos romper los límites impuestos por nuestro egoísmo. La tragedia de Fausto, por ejemplo, es que cambió su destino eterno por lo pasajero, por los límites mundanos. La tragedia de Fausto es que él sabía lo que había hecho. Es ese conocimiento lo que crea tanta ansiedad y miedo en nuestra sociedad.Ahora bien, el reto para nosotros no es rechazar al mundo o rechazarnos a nosotros mismos. El reto es aprender a sacrificarnos. Sacrificar significa ofrecer algo a Dios, y en la ley de los judíos se le llamaba holocausto – se daba todo a Dios. Es esto lo que hace la meditación a nuestra vida. El mantra, nuestra meditación, nos permite renunciar totalmente a nosotros, para ofrecernos totalmente, en nuestra integridad, a Dios. Nos ayuda hacernos un holocausto en que todo lo que somos se lo ofrecemos a Dios incondicionalmente. Por esta razón solo mantenemos el sonido del mantra. Cuando el momento llegue, estaremos preparados para entregarnos también, pues en la meditación estamos totalmente a su disposición.Existimos solamente en su presencia y estamos en su presencia gracias a su generosidad. La maravilla de la meditación es que en este auto-sacrificio y renuncia de nosotros mismos, su Presencia se convierte en nuestra presencia y su generosidad se convierte en nuestra generosidad. A la medida que perseveramos con la meditación, la renuncia a nosotros mismos se hace más completa, el sacrificio se hace más perfecto y por lo tanto la generosidad aumenta constantemente. Es por esta razón que insisto tanto en la importancia de repetir el mantra del principio al fin durante todo el periodo de meditación. No a los pensamientos, no a la imaginación, no a las palabras, no a las ideas. Recuerda el holocausto, el sacrificio. Ahora bien, esta es una de las cosas más importantes que podemos hacer como seres humanos – ofrecer nuestra conciencia a Dios. Al ofrecerla, nos volvemos totalmente concientes.Esta es la experiencia de San Pablo cuando habla de la cercanía de Dios:´Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús´. (Filipenses: 4-7).Lo que debemos de hacer es buscar absolutamente esa paz. Algunas personas podrían pensar que no es sabio hablar del compromiso absoluto al que Jesús nos llama. Algunos pueden pensar que tan solo escuchar esto es solamente para los expertos. Pero hasta donde yo puedo comprender, la invitación de Jesús es para cada uno de nosotros – de tomar nuestra cruz, de seguirlo al Calvario, de acompañarlo en su sacrificio y de ir con Él hacia el infinito amor del Padre.
John Main OSB
domingo, 10 de octubre de 2010
Espacio para ser
San Pablo escribió a los Tesalonicenses:“Pero nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quiénes Dios ha elegido desde el principio para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe verdadera.”. (Tesalonicenses 2:13) Yo creo que es un asunto importante para todos nosotros el poder llegar a conocernos y comprendernos a nosotros mismos, y una de las mejores maneras para hacerlo, en los términos actuales de nuestra sociedad, es a través de la experiencia. A la gente se le estimula para que experimente con su experiencia. Pero yo creo que esta es sólo útil y educativa si la sabemos evaluar adecuadamente. Como bien lo sabemos, frecuentemente tenemos la experiencia pero desconocemos su significado.
Nuestra tradición monástica nos dice, que si queremos comprendernos a nosotros mismos y saber quiénes somos, entonces debemos hacer contacto con nuestro centro. Debemos hacer contacto con la Base de nuestro ser, donde se encuentra este centro, y a no ser que ese proceso ocurra, entonces cualquier experiencia nos dejará solamente en la superficie. Cada vez hay más gente en nuestra sociedad que descubre que, tanto nuestros problemas personales como los de la sociedad, son problemas básicamente espirituales. Lo que cada uno de nosotros vamos comprendiendo de este mundo es que el espíritu humano nunca encontrará satisfacción total en el éxito o prosperidad material. No es que el éxito o la prosperidad material sean malos en sí, pero simplemente no son adecuados como la respuesta final de la condición humana.Entonces hay muchos hombres y mujeres que han descubierto que su espíritu está atrapado en el materialismo que viven, y mucha de la frustración de nuestros tiempos viene de que creemos que fuimos creados solamente para la sobrevivencia diaria. El conocernos, el comprendernos a nosotros mismos, el poder resolver nuestros problemas, el poder vernos a nosotros mismos y a nuestros problemas con perspectiva, requiere que hagamos contacto con nuestro espíritu. El auto-entendimiento surge de comprender que somos seres espirituales, y es solo el contacto con el Espíritu Santo universal lo que puede dar la profundidad y el espacio para comprender el significado de nuestra experiencia. La forma de llegar a esto no es difícil. Es muy sencilla. Pero requiere de un compromiso y de involucrarnos seriamente en nuestra propia existencia.La magnífica revelación está a nuestro alcance, la podemos descubrir si solamente nos colocamos en el camino de la disciplina, es decir, con nuestro espíritu arraigado en Dios, ya que cada uno de nosotros tiene destino, significado e importancia eternos. Este es el descubrimiento primordial que cada uno de nosotros debemos hacer; que nuestra naturaleza tiene el infinito potencial para desarrollarse y que ese desarrollo ocurre solo cuando hacemos el peregrinaje a nuestro centro. Nuestro centro es nuestro corazón, pues es ahí, en la profundidad de nuestro ser, en donde nos descubrimos arraigados a Dios. La meditación es solo el camino para hacer contacto con nuestro espíritu y en ese contacto encontramos nuestra integración, y a través de nuestra experiencia, encontramos la armonía y descubrimos que toda nuestra experiencia se juzga y se alinea con Dios.La manera para hacer la meditación es muy sencilla. Lo que cada uno de nosotros debemos hacer es estar lo más quietos posible, tanto de cuerpo como de espíritu. La quietud del cuerpo la conseguimos sentándonos totalmente quietos. Así que cada vez que medites, toma unos momentos para encontrar una postura cómoda. La condición esencial es que tengas tu columna vertebral lo más derecha posible. Luego, el camino para la quietud de espíritu que tenemos en nuestra tradición monástica, es aprender a decir, en silencio, en la profundidad de nuestro espíritu, una palabra o una frase corta. El arte de la meditación es simplemente aprender a repetir esa palabra constantemente – la palabra que recomiendo es una palabra en Arameo – maranatha. No muevas tus labios, pero repítela o recítala internamente. Lo que es importante y que debes comprender desde un principio, es que hay que repetir o recitar esta palabra del principio al fin de tu meditación. Al aprender a repetirla, estás aprendiendo a renunciar a tus pensamientos, ideas e imaginación y aprendes a quedarte en la profundidad de tu propio ser. Acuérdate siempre de esto. No pienses, no utilices otras palabras mas que esta, no te imagines nada. Solamente escucha, repite tu palabra en la profundidad de tu espíritu y resuénala. Concéntrate en ello y dale toda tu atención.¿Porqué es tan poderoso? Básicamente porque nos da el espacio que nuestro espíritu necesita para poder respirar. Nos da a cada uno de nosotros el espacio para ser nosotros mismos. Cuando estás meditando no tienes que disculparte por quien eres ni tampoco te tienes que justificar. Lo único que tienes que hacer, es ser tú mismo, aceptar de las manos de Dios el regalo de tu ser, y en esa aceptación de ti mismo y de tu creación, llegas a la armonía con tu Creador, con el Espíritu. La meditación se trata de que nuestro espíritu entre en total armonía con el Espíritu de Dios. Pero si quieres aprender a meditar y vivir tu vida a partir de la profundidad de tu ser, entonces debes construirlo todos los días y hacer el espacio cada mañana y cada noche de tu vida. El período mínimo para meditar es de 20 minutos; el período óptimo es de 30 minutos. Cuando aprendas esta disciplina podrás vivir tu vida en armonía, armonía contigo mismo, ya que todo lo que ocurre en tu vida se pone en armonía con Dios y con la creación, pues habrás encontrado tu lugar en la creación. Lo sorprendente de la revelación Cristiana es que ese lugar no es nada menos que en la raíz y en la base de Dios.Desde nuestro peregrinaje de la meditación mira lo que nos dice San Pablo bajo esta nueva perspectiva:“Pero nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quiénes Dios ha elegido desde el principio para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe verdadera. A ésta precisamente os llamo por medio de nuestro evangelio, para que alcanzaseis la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. (Tesalonicenses 2:13-14)
Nuestra tradición monástica nos dice, que si queremos comprendernos a nosotros mismos y saber quiénes somos, entonces debemos hacer contacto con nuestro centro. Debemos hacer contacto con la Base de nuestro ser, donde se encuentra este centro, y a no ser que ese proceso ocurra, entonces cualquier experiencia nos dejará solamente en la superficie. Cada vez hay más gente en nuestra sociedad que descubre que, tanto nuestros problemas personales como los de la sociedad, son problemas básicamente espirituales. Lo que cada uno de nosotros vamos comprendiendo de este mundo es que el espíritu humano nunca encontrará satisfacción total en el éxito o prosperidad material. No es que el éxito o la prosperidad material sean malos en sí, pero simplemente no son adecuados como la respuesta final de la condición humana.Entonces hay muchos hombres y mujeres que han descubierto que su espíritu está atrapado en el materialismo que viven, y mucha de la frustración de nuestros tiempos viene de que creemos que fuimos creados solamente para la sobrevivencia diaria. El conocernos, el comprendernos a nosotros mismos, el poder resolver nuestros problemas, el poder vernos a nosotros mismos y a nuestros problemas con perspectiva, requiere que hagamos contacto con nuestro espíritu. El auto-entendimiento surge de comprender que somos seres espirituales, y es solo el contacto con el Espíritu Santo universal lo que puede dar la profundidad y el espacio para comprender el significado de nuestra experiencia. La forma de llegar a esto no es difícil. Es muy sencilla. Pero requiere de un compromiso y de involucrarnos seriamente en nuestra propia existencia.La magnífica revelación está a nuestro alcance, la podemos descubrir si solamente nos colocamos en el camino de la disciplina, es decir, con nuestro espíritu arraigado en Dios, ya que cada uno de nosotros tiene destino, significado e importancia eternos. Este es el descubrimiento primordial que cada uno de nosotros debemos hacer; que nuestra naturaleza tiene el infinito potencial para desarrollarse y que ese desarrollo ocurre solo cuando hacemos el peregrinaje a nuestro centro. Nuestro centro es nuestro corazón, pues es ahí, en la profundidad de nuestro ser, en donde nos descubrimos arraigados a Dios. La meditación es solo el camino para hacer contacto con nuestro espíritu y en ese contacto encontramos nuestra integración, y a través de nuestra experiencia, encontramos la armonía y descubrimos que toda nuestra experiencia se juzga y se alinea con Dios.La manera para hacer la meditación es muy sencilla. Lo que cada uno de nosotros debemos hacer es estar lo más quietos posible, tanto de cuerpo como de espíritu. La quietud del cuerpo la conseguimos sentándonos totalmente quietos. Así que cada vez que medites, toma unos momentos para encontrar una postura cómoda. La condición esencial es que tengas tu columna vertebral lo más derecha posible. Luego, el camino para la quietud de espíritu que tenemos en nuestra tradición monástica, es aprender a decir, en silencio, en la profundidad de nuestro espíritu, una palabra o una frase corta. El arte de la meditación es simplemente aprender a repetir esa palabra constantemente – la palabra que recomiendo es una palabra en Arameo – maranatha. No muevas tus labios, pero repítela o recítala internamente. Lo que es importante y que debes comprender desde un principio, es que hay que repetir o recitar esta palabra del principio al fin de tu meditación. Al aprender a repetirla, estás aprendiendo a renunciar a tus pensamientos, ideas e imaginación y aprendes a quedarte en la profundidad de tu propio ser. Acuérdate siempre de esto. No pienses, no utilices otras palabras mas que esta, no te imagines nada. Solamente escucha, repite tu palabra en la profundidad de tu espíritu y resuénala. Concéntrate en ello y dale toda tu atención.¿Porqué es tan poderoso? Básicamente porque nos da el espacio que nuestro espíritu necesita para poder respirar. Nos da a cada uno de nosotros el espacio para ser nosotros mismos. Cuando estás meditando no tienes que disculparte por quien eres ni tampoco te tienes que justificar. Lo único que tienes que hacer, es ser tú mismo, aceptar de las manos de Dios el regalo de tu ser, y en esa aceptación de ti mismo y de tu creación, llegas a la armonía con tu Creador, con el Espíritu. La meditación se trata de que nuestro espíritu entre en total armonía con el Espíritu de Dios. Pero si quieres aprender a meditar y vivir tu vida a partir de la profundidad de tu ser, entonces debes construirlo todos los días y hacer el espacio cada mañana y cada noche de tu vida. El período mínimo para meditar es de 20 minutos; el período óptimo es de 30 minutos. Cuando aprendas esta disciplina podrás vivir tu vida en armonía, armonía contigo mismo, ya que todo lo que ocurre en tu vida se pone en armonía con Dios y con la creación, pues habrás encontrado tu lugar en la creación. Lo sorprendente de la revelación Cristiana es que ese lugar no es nada menos que en la raíz y en la base de Dios.Desde nuestro peregrinaje de la meditación mira lo que nos dice San Pablo bajo esta nueva perspectiva:“Pero nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quiénes Dios ha elegido desde el principio para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe verdadera. A ésta precisamente os llamo por medio de nuestro evangelio, para que alcanzaseis la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. (Tesalonicenses 2:13-14)
jueves, 16 de septiembre de 2010
Ser tu mismo
Las dos preguntas más importantes que debemos considerar cuando meditamos son: Primero: ¿Porqué debemos meditar? Segundo: ¿Cómo debes meditar? En nuestras pláticas de introducción a nuestros grupos, tratamos de no enfatizar mucho en ¿porqué debemos meditar?, pero más bien en ¿cómo meditar? Si genuinamente ves la primera pregunta, estoy totalmente convencido que la meditación puede añadir una dimensión de mucha riqueza a tu vida. Me gustaría poder tener los poderes de persuasión y elocuencia para poder convencer a todos de la importancia de meditar.La importancia de esto es llegar a ser tú mismo. Cuando meditas, no te estás disculpando por quien eres, tampoco estás tratando de que otros te acepten, no estás actuando. Debes tener cuidado, no es fantasía (estoy haciendo algo sagrado)
Solo debes sentarte quieto y es en esa quietud que logras la sabiduría de saber
que sólo puedes ser tú mismo, y que sólo puedes ser tú mismo porque eres la persona creada para ello, si estás dispuesto a renunciar a ti mismo. La verdad que puedes descubrir en tí mismo, bajo tu propia experiencia, que solo podemos encontrarnos en el otro. Ningún auto-análisis, o auto-examen podrá revelarte lo que eres. Pero si desenfocas tu atención de ti mismo y la proyectas hacia delante, descubrirás al otro, y al descubrir al otro, te descubres a ti mismo.El otro es la Base de tu Ser, el otro lo llamamos Dios, la Suprema Sabiduría, el Ser Supremo, el Amor Supremo. El nombre no es importante. De hecho, en la meditación y en tu silencio, el silencio completo, vamos más allá de los nombres y de las palabras para encontrar la Realidad.Por ahora quiero repetir cómo meditamos. Es necesario repetir esto muchas veces porque la meditación es muy sencilla. Para nosotros, Occidentales complejamente auto-conscientes, es difícil creer y aceptar que algo tan simple sea tan poderoso. Entonces, una vez más, para meditar debes estar quieto y recitar internamente, en tu corazón, en tu mente, una palabra o frase. La palabra que te recomiendo es una palabra en arameo y es Maranatha, que debe recitarse en cuatro sílabas igualmente enfatizadas “Ma-ra-na-tha”. Eso es todo lo que se requiere para meditar. Yo aprendí a meditar hace como 30 años y mi maestro me solía decir, en respuesta a cualquier pregunta que yo le hacía respecto a la meditación: ´Repite tu mantra, repite tu palabra´. A medida que he continuado mi meditación a través de los años, me doy cuenta de la sabiduría absoluta de lo que él me enseñó. Si puedes entonces aprender a decir tu palabra y continuar diciéndola, continúa repitiéndola durante 20 a 30 minutos, repitiéndola de principio a fin, vas a ver que eventualmente lograrás desengancharte de tus ideas, tus conceptos, tus palabras y tu mente por la mayor parte del tiempo, y entonces lograrás, con paciencia y fidelidad, la claridad de conciencia.Ahora respondamos a algunas preguntas prácticas. ¿Qué debes hacer si mientras te sientas a meditar te sientes muy nervioso, o empiezas a ver colores, o a escuchar sonidos, o lo que sea? Estos son solo síntomas de tensión. Una manera sencilla para relajarte es acostarte boca-arriba y pasar unos momentos permitiendo que el suelo quite el peso de tu cuerpo, respirando profundamente desde tu diafragma. No muevas el pecho, pero retiene la respiración en tu diafragma por unos 5 a 7 segundos y después exhala por tu boca. Haz este ejercicio unas 10 veces y después siéntate a meditar. Verás que este ejercicio es muy útil antes de que medites ya que la mayor parte del tiempo podemos sentirnos tensos. Tenemos que manejar con el tráfico, lidiar con los problemas del trabajo o de la familia, y esto nos hace sentir tensos. Pero a medida de que progreses en tu meditación, los mismos períodos de meditación te permitirán tener una mayor relajación y muy probablemente podrás meditar directamente saliendo de tu trabajo o de otra actividad. El otro punto que podrás notar cuando empiezas a meditar es que cualquier fenómeno que se te presente – ya sean colores, sonidos, visiones, o lo que sea – tómalo, como principio general, de que esto no tiene nada de importancia. No tiene ningún significado, excepto, quizás, que sólo requieres estar más relajado al inicio de tu meditación. Una de las cosas que debes aprender sobre como ver la meditación es verla sin esperar nada. Muchos de nosotros en Occidente, cuando empezamos a meditar, esperamos tener visiones o comprender la vida con mayor profundidad, o esperamos obtener sabiduría o conocimiento. Pero tú debes venir con absoluta generosidad, y con absoluta pobreza de espíritu, esto es, sin exigencias o expectativas – solo sabiendo que para esto fuimos creados. Esto es para todo aquel que está leyendo este libro por lo que fue creado – para ser y para estar en relación con su Creador.Esta es la relación fundamental de nuestra existencia – criatura y Creador. Al meditar entras en la armonía de esta relación. Te pones en armonía con el Creador y entonces uno de los frutos de la meditación es que la armonía que descubres en ti mismo, la empiezas a descubrir en todo lo demás. Entonces, el verdadero hombre o mujer espiritual, es aquel que está en armonía con todo lo que encuentra. Encuentras a otros no en una forma competitiva, o proyectando una imagen de lo que eres o quisieras ser. Pero empiezas a encontrar a los otros como tú eres, la persona que eres, cómoda o segura de ti misma, aceptando tu propio ser. Y lo aceptas porque, desde el silencio de tu meditación, llegas al conocimiento de que eres aceptado. Y no es que seas aceptado porque hiciste las cosas correctamente. Lo que descubres cuando empiezas a explorar tu relación básica de criatura y Creador, es que eres totalmente aceptado. En la visión Cristiana de la meditación, descubres algo adicional. Descubres que eres amado en el silencio, que eres ama-ble. Es este descubrimiento que cada uno debemos hacer en nuestras vidas, si deseamos ser totalmente nosotros mismos, totalmente humanos.En la visión proclamada por Jesús, puedes ver lo que San Juan quería decír: “Dios es amor”. Lo extraordinario de esto (y esto es lo que personalmente me gustaría mucho poder lograr, poder comunicar a todos), que el amor se encuentra en tu corazón. Cada uno de ustedes, si solo pudieran llegar a este silencio, lo van a encontrar. Si cada uno puede llegar a ese espacio en ustedes mismos, descubrirán que pueden respirar el aire puro del amor.Regresando a la primera pregunta: ¿Por qué debes meditar? Esto es por lo que lo hacemos. Es llegar, como podríamos mejor describirlo, a la pura libertad del Espíritu. En la meditación estás totalmente despreocupado. No estás de ninguna manera esclavizado a ninguna imagen o idea, porque estás más allá de las imágenes y de las ideas pues estás en ese estado donde tienes plena libertad de ser tú mismo. Tienes esa libertad pues estás con El que es. Cuando termines de leer este texto, pregúntate a ti mismo “¿De qué se trata realmente la meditación?” – y respóndete: Es sobre el ser. El es. Yo soy. Puedes dar esta respuesta, pero finalmente la experiencia de la meditación es sobre el ser.Ahora, permíteme recordarte de nuevo. Primero meditamos de 20 a 25 minutos y vuelvo a repetir la importancia de estar tan quieto como puedas. No es una tarea difícil. Si necesitas moverte, no sientas que por eso vas a arruinar todo. Solo trata poco a poco de permanecer lo más quieto que puedas pues la meditación es sobre la unidad del cuerpo y del espíritu así como de la quietud del cuerpo y del espíritu. Así que cuando inicies, toma unos minutos para encontrar una postura cómoda y luego empieza a repetir tu mantra. No pienses en nada. No pienses en porqué tengo que hacer esto?, qué estoy obteniendo por hacer esto – no invites a los pensamientos. Simplemente repite y escucha la palabra. Mi consejo del fondo del corazón es que si quieres meditar es necesario que lo hagas todos los días de tu vida por un mínimo de 20 minutos en la mañana y 20 minutos en la noche. El tiempo ideal es de 30 minutos. Si encuentras que es demasiado, comienza con 20 minutos y gradualmente incrementa hasta llegar a los 30 minutos. El período ideal para meditar es antes del desayuno y antes de la cena. El lugar debe ser un lugar quieto y de ser posible, que sea siempre el mismo lugar.Sal un momento de tus pensamientos para que escuches este párrafo de un texto de San Pablo a los Colosenses. El habla de lo que Jesús hará por nosotros si estamos totalmente abiertos a El.“...y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. El los ha facultado para participar en la herencia de los santos, en el reino de la luz.Col: 1: 11-12)La meditación es sobre la iluminación pues es llegar a la luz de Dios. Esta es la relación básica: Creador y criatura. Y el Creador nos da a cada uno la luz para ser nosotros mismos.
Solo debes sentarte quieto y es en esa quietud que logras la sabiduría de saber
que sólo puedes ser tú mismo, y que sólo puedes ser tú mismo porque eres la persona creada para ello, si estás dispuesto a renunciar a ti mismo. La verdad que puedes descubrir en tí mismo, bajo tu propia experiencia, que solo podemos encontrarnos en el otro. Ningún auto-análisis, o auto-examen podrá revelarte lo que eres. Pero si desenfocas tu atención de ti mismo y la proyectas hacia delante, descubrirás al otro, y al descubrir al otro, te descubres a ti mismo.El otro es la Base de tu Ser, el otro lo llamamos Dios, la Suprema Sabiduría, el Ser Supremo, el Amor Supremo. El nombre no es importante. De hecho, en la meditación y en tu silencio, el silencio completo, vamos más allá de los nombres y de las palabras para encontrar la Realidad.Por ahora quiero repetir cómo meditamos. Es necesario repetir esto muchas veces porque la meditación es muy sencilla. Para nosotros, Occidentales complejamente auto-conscientes, es difícil creer y aceptar que algo tan simple sea tan poderoso. Entonces, una vez más, para meditar debes estar quieto y recitar internamente, en tu corazón, en tu mente, una palabra o frase. La palabra que te recomiendo es una palabra en arameo y es Maranatha, que debe recitarse en cuatro sílabas igualmente enfatizadas “Ma-ra-na-tha”. Eso es todo lo que se requiere para meditar. Yo aprendí a meditar hace como 30 años y mi maestro me solía decir, en respuesta a cualquier pregunta que yo le hacía respecto a la meditación: ´Repite tu mantra, repite tu palabra´. A medida que he continuado mi meditación a través de los años, me doy cuenta de la sabiduría absoluta de lo que él me enseñó. Si puedes entonces aprender a decir tu palabra y continuar diciéndola, continúa repitiéndola durante 20 a 30 minutos, repitiéndola de principio a fin, vas a ver que eventualmente lograrás desengancharte de tus ideas, tus conceptos, tus palabras y tu mente por la mayor parte del tiempo, y entonces lograrás, con paciencia y fidelidad, la claridad de conciencia.Ahora respondamos a algunas preguntas prácticas. ¿Qué debes hacer si mientras te sientas a meditar te sientes muy nervioso, o empiezas a ver colores, o a escuchar sonidos, o lo que sea? Estos son solo síntomas de tensión. Una manera sencilla para relajarte es acostarte boca-arriba y pasar unos momentos permitiendo que el suelo quite el peso de tu cuerpo, respirando profundamente desde tu diafragma. No muevas el pecho, pero retiene la respiración en tu diafragma por unos 5 a 7 segundos y después exhala por tu boca. Haz este ejercicio unas 10 veces y después siéntate a meditar. Verás que este ejercicio es muy útil antes de que medites ya que la mayor parte del tiempo podemos sentirnos tensos. Tenemos que manejar con el tráfico, lidiar con los problemas del trabajo o de la familia, y esto nos hace sentir tensos. Pero a medida de que progreses en tu meditación, los mismos períodos de meditación te permitirán tener una mayor relajación y muy probablemente podrás meditar directamente saliendo de tu trabajo o de otra actividad. El otro punto que podrás notar cuando empiezas a meditar es que cualquier fenómeno que se te presente – ya sean colores, sonidos, visiones, o lo que sea – tómalo, como principio general, de que esto no tiene nada de importancia. No tiene ningún significado, excepto, quizás, que sólo requieres estar más relajado al inicio de tu meditación. Una de las cosas que debes aprender sobre como ver la meditación es verla sin esperar nada. Muchos de nosotros en Occidente, cuando empezamos a meditar, esperamos tener visiones o comprender la vida con mayor profundidad, o esperamos obtener sabiduría o conocimiento. Pero tú debes venir con absoluta generosidad, y con absoluta pobreza de espíritu, esto es, sin exigencias o expectativas – solo sabiendo que para esto fuimos creados. Esto es para todo aquel que está leyendo este libro por lo que fue creado – para ser y para estar en relación con su Creador.Esta es la relación fundamental de nuestra existencia – criatura y Creador. Al meditar entras en la armonía de esta relación. Te pones en armonía con el Creador y entonces uno de los frutos de la meditación es que la armonía que descubres en ti mismo, la empiezas a descubrir en todo lo demás. Entonces, el verdadero hombre o mujer espiritual, es aquel que está en armonía con todo lo que encuentra. Encuentras a otros no en una forma competitiva, o proyectando una imagen de lo que eres o quisieras ser. Pero empiezas a encontrar a los otros como tú eres, la persona que eres, cómoda o segura de ti misma, aceptando tu propio ser. Y lo aceptas porque, desde el silencio de tu meditación, llegas al conocimiento de que eres aceptado. Y no es que seas aceptado porque hiciste las cosas correctamente. Lo que descubres cuando empiezas a explorar tu relación básica de criatura y Creador, es que eres totalmente aceptado. En la visión Cristiana de la meditación, descubres algo adicional. Descubres que eres amado en el silencio, que eres ama-ble. Es este descubrimiento que cada uno debemos hacer en nuestras vidas, si deseamos ser totalmente nosotros mismos, totalmente humanos.En la visión proclamada por Jesús, puedes ver lo que San Juan quería decír: “Dios es amor”. Lo extraordinario de esto (y esto es lo que personalmente me gustaría mucho poder lograr, poder comunicar a todos), que el amor se encuentra en tu corazón. Cada uno de ustedes, si solo pudieran llegar a este silencio, lo van a encontrar. Si cada uno puede llegar a ese espacio en ustedes mismos, descubrirán que pueden respirar el aire puro del amor.Regresando a la primera pregunta: ¿Por qué debes meditar? Esto es por lo que lo hacemos. Es llegar, como podríamos mejor describirlo, a la pura libertad del Espíritu. En la meditación estás totalmente despreocupado. No estás de ninguna manera esclavizado a ninguna imagen o idea, porque estás más allá de las imágenes y de las ideas pues estás en ese estado donde tienes plena libertad de ser tú mismo. Tienes esa libertad pues estás con El que es. Cuando termines de leer este texto, pregúntate a ti mismo “¿De qué se trata realmente la meditación?” – y respóndete: Es sobre el ser. El es. Yo soy. Puedes dar esta respuesta, pero finalmente la experiencia de la meditación es sobre el ser.Ahora, permíteme recordarte de nuevo. Primero meditamos de 20 a 25 minutos y vuelvo a repetir la importancia de estar tan quieto como puedas. No es una tarea difícil. Si necesitas moverte, no sientas que por eso vas a arruinar todo. Solo trata poco a poco de permanecer lo más quieto que puedas pues la meditación es sobre la unidad del cuerpo y del espíritu así como de la quietud del cuerpo y del espíritu. Así que cuando inicies, toma unos minutos para encontrar una postura cómoda y luego empieza a repetir tu mantra. No pienses en nada. No pienses en porqué tengo que hacer esto?, qué estoy obteniendo por hacer esto – no invites a los pensamientos. Simplemente repite y escucha la palabra. Mi consejo del fondo del corazón es que si quieres meditar es necesario que lo hagas todos los días de tu vida por un mínimo de 20 minutos en la mañana y 20 minutos en la noche. El tiempo ideal es de 30 minutos. Si encuentras que es demasiado, comienza con 20 minutos y gradualmente incrementa hasta llegar a los 30 minutos. El período ideal para meditar es antes del desayuno y antes de la cena. El lugar debe ser un lugar quieto y de ser posible, que sea siempre el mismo lugar.Sal un momento de tus pensamientos para que escuches este párrafo de un texto de San Pablo a los Colosenses. El habla de lo que Jesús hará por nosotros si estamos totalmente abiertos a El.“...y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. El los ha facultado para participar en la herencia de los santos, en el reino de la luz.Col: 1: 11-12)La meditación es sobre la iluminación pues es llegar a la luz de Dios. Esta es la relación básica: Creador y criatura. Y el Creador nos da a cada uno la luz para ser nosotros mismos.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Más allá de la Ilusión
Para poder comprender bien lo que es la meditación, debes seguir un camino de sencillez. En el mundo en que actualmente vivimos estamos ya muy acostumbrados a poner nuestra fe en lo complejo. Pero creo que todos sabemos, en un nivel profundo de nuestro ser, que la paz real se encuentra en la profunda simplicidad del espíritu. Estas palabras que escribió San Pablo a los Efesios, deben fincarse muy bien en nuestros corazones:“estuvisteis entonces sin Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo; mientras que ahora, por Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo”. Efesios 2: 12-14
Una de las cosas a la que estamos invitados a conocer a través de nuestra propia experiencia es que hemos sido llevados, a través de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, a la paz profunda. San Agustin definía la paz como “la tranquilidad del orden”. La paz y el orden son necesarios para todo crecimiento. Son necesarios para profundizar en el ser, necesarios para darnos cuenta de nuestro gran potencial. Entonces la paz puede ser descrita como “la armonía de la energía dirigida”. Eso es lo que es la meditación. No consiste en tener una quietud pasiva. La meditación consiste en darnos cuenta de qué tan cerca estamos de la fuente de la creación, de la fuente de nuestra creación y de toda la creación. Es darnos cuenta de que con el poder de la creación, la energía de la creación fluye en nuestros corazones.El enemigo de la paz es la distracción. Nos distraemos cuando perdemos de vista el objetivo de armonizar nuestra vida, armonizar el poder que tenemos dentro de nuestro ser. Aunque podemos distraernos y dejar de ver este objetivo, podemos retomarlo. La causa de la distracción es el deseo de poseer. Cuando perdemos de vista este objetivo nos vamos de lo real a lo irreal.Recuerda de nuevo como meditar. Siéntate derecho, con la columna vertebral recta, respira calmada y regularmente y comienza a repetir tu palabra, Maranatha. Acentúala en 4 sílabas: ma-ra-na-tha. Repite la palabra del principio al fin de tu meditación. El propósito de la palabra es mantenernos en el camino, despegarnos de la ilusión y del deseo, para entrar a la realidad de Dios. En medida que nos mantengamos en el camino, en la medida que mantengamos la repetición del mantra, nos salimos de la distracción e iniciamos el camino que nos lleva al contacto con la base de donde surgimos.Si perdemos el objetivo, nos confundimos, nos atemorizamos. Es ahí cuando empezamos a buscar refugio en más distracción y en más ilusión. El camino de la meditación nos invita a confrontar la irrealidad, el miedo, la fantasía y la ilusión – y sobre-pasarlas. Del otro lado de la ilusión, del miedo y de la irrealidad, encontramos la paz y la tranquilidad del orden. Es la energía dirigida hacia la meta más alta. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a conocer es que esa energía es el amor. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a descubrir por propia experiencia, es que Dios es el amor.Como ya te lo he dicho, la meditación no es ensueño pacífico. Es estar totalmente despierto. Despertamos a estar en la presencia de Dios. Todo nuestro poder y nuestro potencial se dirigen a la verdadera meta final. Esa meta es Dios, el fin que es nuestro principio. En la experiencia de la paz de la meditación se nos revela quienes somos. Se nos revela que vamos por un camino fuera del miedo, fuera de la irrealidad, fuera de la ilusión – hacia la única realidad que es. Esa Realidad es Dios. Esa Realidad es el Amor.Debemos aprender a decir nuestra palabra, nuestro mantra. Debemos aprender a decirla del principio al fin de nuestra meditación, para así poder arraigarla en nuestro corazón y así podremos escucharla resonándola dentro, en la profundidad de nuestro ser. Aprender a arraigar el mantra toma tiempo. Si te preguntas “¿cuánto tiempo tomará?”, te puedes responder diciendo: “toma solamente el tiempo para darme cuenta de que no toma tiempo”. Ya estamos ahí. Escucha de nuevo lo que dice San Pablo: “.--que ahora, por Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo”. Esto es lo que debemos comprender y conocer en la meditación. Esto es lo que debemos saber por experiencia propia. Nuestra redención se lleva a cabo. El poder del Espíritu nos libera en nuestro corazón. Lo que nos impide ver esto es nuestra distracción. Nuestra mente esta desordenada y debemos liberarla. Para eso es la meditación. Por eso es muy importante meditar todas las mañanas y todas las noches.Siéntate, y al repetir tu mantra, libera las cadenas, los nudos que te atan a la irrealidad, a la ilusión y al miedo. Sabe que esos nudos no tienen poder sobre ti si estás abierto a la experiencia de Jesús. Su experiencia es que el es el amado Hijo de Dios. Lo que El ha logrado para nosotros es abrirnos a esa misma experiencia – de saber que somos hijos e hijas de un Padre amoroso, compasivo y comprensivo. En esa experiencia descubrimos lo que significa estar totalmente abiertos a su amor, totalmente abiertos a su misterioso ser, que está abierto en nuestros corazones, que es en nuestro centro. Es en nuestro centro donde lo encontramos. La meditación, el repetir el mantra del principio al fin cada mañana y cada noche, es sencillamente nuestro peregrinaje al centro donde El es y donde somos nosotros con El.
Una de las cosas a la que estamos invitados a conocer a través de nuestra propia experiencia es que hemos sido llevados, a través de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, a la paz profunda. San Agustin definía la paz como “la tranquilidad del orden”. La paz y el orden son necesarios para todo crecimiento. Son necesarios para profundizar en el ser, necesarios para darnos cuenta de nuestro gran potencial. Entonces la paz puede ser descrita como “la armonía de la energía dirigida”. Eso es lo que es la meditación. No consiste en tener una quietud pasiva. La meditación consiste en darnos cuenta de qué tan cerca estamos de la fuente de la creación, de la fuente de nuestra creación y de toda la creación. Es darnos cuenta de que con el poder de la creación, la energía de la creación fluye en nuestros corazones.El enemigo de la paz es la distracción. Nos distraemos cuando perdemos de vista el objetivo de armonizar nuestra vida, armonizar el poder que tenemos dentro de nuestro ser. Aunque podemos distraernos y dejar de ver este objetivo, podemos retomarlo. La causa de la distracción es el deseo de poseer. Cuando perdemos de vista este objetivo nos vamos de lo real a lo irreal.Recuerda de nuevo como meditar. Siéntate derecho, con la columna vertebral recta, respira calmada y regularmente y comienza a repetir tu palabra, Maranatha. Acentúala en 4 sílabas: ma-ra-na-tha. Repite la palabra del principio al fin de tu meditación. El propósito de la palabra es mantenernos en el camino, despegarnos de la ilusión y del deseo, para entrar a la realidad de Dios. En medida que nos mantengamos en el camino, en la medida que mantengamos la repetición del mantra, nos salimos de la distracción e iniciamos el camino que nos lleva al contacto con la base de donde surgimos.Si perdemos el objetivo, nos confundimos, nos atemorizamos. Es ahí cuando empezamos a buscar refugio en más distracción y en más ilusión. El camino de la meditación nos invita a confrontar la irrealidad, el miedo, la fantasía y la ilusión – y sobre-pasarlas. Del otro lado de la ilusión, del miedo y de la irrealidad, encontramos la paz y la tranquilidad del orden. Es la energía dirigida hacia la meta más alta. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a conocer es que esa energía es el amor. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a descubrir por propia experiencia, es que Dios es el amor.Como ya te lo he dicho, la meditación no es ensueño pacífico. Es estar totalmente despierto. Despertamos a estar en la presencia de Dios. Todo nuestro poder y nuestro potencial se dirigen a la verdadera meta final. Esa meta es Dios, el fin que es nuestro principio. En la experiencia de la paz de la meditación se nos revela quienes somos. Se nos revela que vamos por un camino fuera del miedo, fuera de la irrealidad, fuera de la ilusión – hacia la única realidad que es. Esa Realidad es Dios. Esa Realidad es el Amor.Debemos aprender a decir nuestra palabra, nuestro mantra. Debemos aprender a decirla del principio al fin de nuestra meditación, para así poder arraigarla en nuestro corazón y así podremos escucharla resonándola dentro, en la profundidad de nuestro ser. Aprender a arraigar el mantra toma tiempo. Si te preguntas “¿cuánto tiempo tomará?”, te puedes responder diciendo: “toma solamente el tiempo para darme cuenta de que no toma tiempo”. Ya estamos ahí. Escucha de nuevo lo que dice San Pablo: “.--que ahora, por Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo”. Esto es lo que debemos comprender y conocer en la meditación. Esto es lo que debemos saber por experiencia propia. Nuestra redención se lleva a cabo. El poder del Espíritu nos libera en nuestro corazón. Lo que nos impide ver esto es nuestra distracción. Nuestra mente esta desordenada y debemos liberarla. Para eso es la meditación. Por eso es muy importante meditar todas las mañanas y todas las noches.Siéntate, y al repetir tu mantra, libera las cadenas, los nudos que te atan a la irrealidad, a la ilusión y al miedo. Sabe que esos nudos no tienen poder sobre ti si estás abierto a la experiencia de Jesús. Su experiencia es que el es el amado Hijo de Dios. Lo que El ha logrado para nosotros es abrirnos a esa misma experiencia – de saber que somos hijos e hijas de un Padre amoroso, compasivo y comprensivo. En esa experiencia descubrimos lo que significa estar totalmente abiertos a su amor, totalmente abiertos a su misterioso ser, que está abierto en nuestros corazones, que es en nuestro centro. Es en nuestro centro donde lo encontramos. La meditación, el repetir el mantra del principio al fin cada mañana y cada noche, es sencillamente nuestro peregrinaje al centro donde El es y donde somos nosotros con El.
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