En una "previa encarnación" esto es, antes de que me convirtiera en monje – trabajé en el Servicio de Inteligencia y uno de mis trabajos era localizar las estaciones de radio del enemigo. Entonces teníamos que ajustar nuestros radios para descubrirlo. Pero el enemigo era muy listo y si estaba operando por ejemplo en una frecuencia de 90 metros, enviaban un fuerte ruido en una distancia de 91 metros. Entonces para poder encontrar su frecuencia, debíamos ser extremadamente cuidadosos al ajustar nuestros radios. Pero nos gustaba pensar que éramos tan listos como el enemigo y entonces cuando encontrábamos la frecuencia en la que operaban, nosotros tomábamos cristales de cuarzo y los conectábamos a nuestro radio. Entonces nuestro radio captaba la señal del enemigo muy claramente y no se escuchaban los ruidos o interferencias.Recordaba yo esto el otro día y me llamó la atención que el mantra es como el cristal de cuarzo. El enemigo que todos tenemos que enfrentar, nuestro ego, nos manda todo tipo de señales, todas contrarias a la señal de la frecuencia de Dios y lo que tenemos que hacer es encontrar la exacta frecuencia de Dios, o tan exacta como podamos. Como todos saben por experiencia, el mantra no es una varita mágica. El aprender a decir tu mantra significa seguir un camino en el que todo en tu vida se entona con Dios. Y, de cierta forma, toda tu vida se entona con el mantra.
La esencia del mensaje Cristiano es que Dios es una realidad presente, y esto significa que Dios es la realidad que se nos presenta. Si piensas por un momento que “Dios es presente” empiezas a comprender que Él está presente en cada momento de tu vida y esto es por la extrema generosidad de Jesús.La Presencia se comunica a través de Jesús. El llamado para cada uno es responder a su presencia y vivirla. Para poder responder a su generosidad debemos hacernos presentes ante Él. Esto significa que debemos abrir nuestro corazón totalmente y todo el tiempo. La generosidad de Jesús nos exige que busquemos su presencia generosamente, no para que nos hagamos más sabios o más santos, ni tampoco para que poseamos a Dios, pero simplemente es correcto y deseable que respondamos a su generosa entrega, a su sacrificio.El reto de la meditación es que nos hace enfrentarnos con la pregunta redentiva básica que es: ´¿Buscamos a Dios o nos buscamos a nosotros mismos’´. Otra manera de decirlo es, ´¿Buscamos nuestro destino solo bajo nuestros límites, nos buscamos a nosotros mismos solo con nuestros propios recursos, o buscamos nuestro destino fuera de nosotros, en Dios?´ De esto justamente se trata la meditación – buscamos romper los límites impuestos por nuestro egoísmo. La tragedia de Fausto, por ejemplo, es que cambió su destino eterno por lo pasajero, por los límites mundanos. La tragedia de Fausto es que él sabía lo que había hecho. Es ese conocimiento lo que crea tanta ansiedad y miedo en nuestra sociedad.Ahora bien, el reto para nosotros no es rechazar al mundo o rechazarnos a nosotros mismos. El reto es aprender a sacrificarnos. Sacrificar significa ofrecer algo a Dios, y en la ley de los judíos se le llamaba holocausto – se daba todo a Dios. Es esto lo que hace la meditación a nuestra vida. El mantra, nuestra meditación, nos permite renunciar totalmente a nosotros, para ofrecernos totalmente, en nuestra integridad, a Dios. Nos ayuda hacernos un holocausto en que todo lo que somos se lo ofrecemos a Dios incondicionalmente. Por esta razón solo mantenemos el sonido del mantra. Cuando el momento llegue, estaremos preparados para entregarnos también, pues en la meditación estamos totalmente a su disposición.Existimos solamente en su presencia y estamos en su presencia gracias a su generosidad. La maravilla de la meditación es que en este auto-sacrificio y renuncia de nosotros mismos, su Presencia se convierte en nuestra presencia y su generosidad se convierte en nuestra generosidad. A la medida que perseveramos con la meditación, la renuncia a nosotros mismos se hace más completa, el sacrificio se hace más perfecto y por lo tanto la generosidad aumenta constantemente. Es por esta razón que insisto tanto en la importancia de repetir el mantra del principio al fin durante todo el periodo de meditación. No a los pensamientos, no a la imaginación, no a las palabras, no a las ideas. Recuerda el holocausto, el sacrificio. Ahora bien, esta es una de las cosas más importantes que podemos hacer como seres humanos – ofrecer nuestra conciencia a Dios. Al ofrecerla, nos volvemos totalmente concientes.Esta es la experiencia de San Pablo cuando habla de la cercanía de Dios:´Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús´. (Filipenses: 4-7).Lo que debemos de hacer es buscar absolutamente esa paz. Algunas personas podrían pensar que no es sabio hablar del compromiso absoluto al que Jesús nos llama. Algunos pueden pensar que tan solo escuchar esto es solamente para los expertos. Pero hasta donde yo puedo comprender, la invitación de Jesús es para cada uno de nosotros – de tomar nuestra cruz, de seguirlo al Calvario, de acompañarlo en su sacrificio y de ir con Él hacia el infinito amor del Padre.
John Main OSB
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