Al explorar esta pregunta de Jesús,”¿Quién dicen ustedes que soy?”, he llegado a sentir que lo importante de esta pregunta es que nosotros aprendamos a escucharla. No se trata simplemente de encontrar la respuesta correcta, o muchas respuestas, sino que en realidad aprendamos a entender escuchando y que se produzca un cambio en nosotros al escuchar.Quiero volver a la meditación para explorar cómo podemos escuchar esta pregunta de la manera más profunda. Veremos entonces que la meditación es una forma de silencio y auto trascendencia, una forma de relación y soledad, una forma de leer sin palabras, de conocer sin usar el pensamiento. A través del auto conocimiento el meditador es llevado al umbral del conocimiento de Dios dentro de una relación con Jesús. Esta relación con Jesús no pide nada de nosotros salvo la entrega total del ser. La meditación, a la luz de la fe Cristiana, es un profundo encuentro con la mente de Cristo. Nos encontramos con Cristo Resucitado aunque todavía no lo reconozcamos completamente ni lo nombremos.La meditación inaugura una manera de ser completamente nueva. Es mucho menos una técnica que un modo de vida. Se inicia por la gradualmente emergente experiencia de la comunión, unidad con uno mismo y con los demás que va más allá de lo límites de toda relación dual. A pesar de que la mayoría de la gente está apasionadamente interesada en sus relaciones y las consideran lo más sagrado de sus vidas, las relaciones como tales son sólo una etapa en la jornada humana.Más allá de las relaciones- en el silencioso corazón de las mismas, donde se derrumban las paredes que nos dividen- está la unión. En una relación siempre estamos mirando al otro separado de mí. El mirar, la distancia implicada en la objetivación de la otra persona, crea el sufrimiento inherente a toda relación. Es el sufrimiento del conflicto que surge del deseo del ego de poseer y controlar. Es también el sufrimiento causado por la eventual e inevitable pérdida del que amamos. Sin embargo, en la unión, no puede existir la necesidad de poseer porque el deseo mismo ha sido trascendido. Los límites del egoísmo se disuelven. La singularidad abraza a la singularidad y encuentra el ser en los demás, la igualdad en la diferencia. El miedo y el deseo, la dominación y la sumisión se terminan. Lo que se gana es más de lo que el deseo haya podido alguna vez fantasear. Cuando las relaciones humanas, rara vez y con frecuencia muy brevemente, tocan este grado de plenitud, pueden ser realmente llamadas amistades espirituales. Ellas descubren su destino y potencial como modos de compartir a través del Espíritu en la comunidad divina del amor. En la unión el prójimo se comparte, se entra en él, se absorbe en vez de verlo afuera de mí. Estamos dentro de los demás y ellos están dentro nuestro.Todo esto es el fruto de la meditación. La semilla de la unión se encuentra, en este momento, en nuestra naturaleza humana esperando germinar. La meditación acepta esta invitación y nos prepara para la muerte que el crecimiento exige. Es importante darse cuenta de todo esto antes de empezar a meditar. La comprensión de esto nos libra de innecesarios falsos comienzos y modera la impaciencia. Nos ayuda a ver que el lugar donde debemos buscar los frutos de la meditación no es en el período mismo de meditación, lo que sucede (o no) – sino en el modo y en la calidad de nuestras vidas, particularmente en nuestras relaciones. No buscamos que pase nada extraordinario en la meditación. El asunto es ver la presencia de Dios todos los días transformar nuestra percepción de la realidad, no transformar el mundo para adecuarlo a nuestros planes, tratar de vivir “en otro mundo”. No es un escape de los problemas de la vida. No es sencillo. Pero es- y este es el aspecto más importante a descubrir de la meditación- completamente simple. La felicidad y la paz más allá de todo entendimiento que de ella resultan, es lo que sucede.A la meditación no le concierne tanto nuestra relación con Dios como nuestra unión con Dios. Esto no quiere decir que toda nuestra relación con Dios (junto con las ideas, las imágenes y el diálogo que ésta implica) se termine. La idea de relación continúa siendo el marco necesario para entender y decidir. Continúa siendo un lenguaje importante de la vida. La relación continúa durante tanto tiempo como nosotros continuemos expresándonos o pensando en términos de nuestro propio “yo”, es decir, hasta el final de los tiempos. Pero la relación también cambia radicalmente con la meditación. El lenguaje de la relación se mejora y se vuelve más significativo. Nuestro conocimiento y amor por Dios no se para en la etapa de la simple relación, sino que, como todo amor desea hacerlo, sigue avanzando hacia una unión completa. La meditación cambia completamente la manera que tenemos de entender a Dios. La consecuencia inmediata de esta profundización se siente en las relaciones con los demás. También es perceptible en el modo en que nos sentimos parte de la naturaleza. La humanidad de Jesús y su relación con el universo llegan para ser experimentados desde nuestro interior. El cambio que se experimenta en todas estas dimensiones generalmente se describe como el regreso a casa. El regreso a nosotros mismos y a nuestra innata capacidad de trascender.La meditación tiene gran importancia para el mundo moderno. La meditación es una fuente muy importante de esperanza y visión para el próximo milenio. El Cristianismo se renueva a través de la recuperación de su tradición contemplativa. Una vez superada su crisis un Cristianismo contemplativo se unirá a otras religiones como un mediador de acción compasiva y sabiduría sanadora para el mundo.Por medio de la recuperación la práctica del la meditación, la religión y la espiritualida , que en la actualidad se están separando rápidamente, pueden volver a armonizarse. Después de todo, la religión y la espiritualidad comparten la misma meta de elevar el espíritu humano. Una espiritualidad más profunda significa una oración más profunda. Y la salud de la religión es igual a la calidad de su vida de oración. Para encontrar la profundidad debemos retornar a las raíces dadoras de vida de la religión. Debemos abrazar algo antiguo como si fuera nuevo para que pueda nacer un modo contemporáneo de ver a Jesús, de escuchar su pregunta y de decir quien es Él. Su pregunta es intrínseca a la búsqueda de significado, de paz y de justicia y de una buena vida por parte de nuestra cultura. También habla sabiamente a todo lo que hoy entendemos como auto conocimiento, realización personal y trascendencia. Su pregunta puede ayudar a guiar la búsqueda del hombre moderno siempre que podamos encontrar el silencio desde donde escucharla.La tradición Cristiana nació en la primera experiencia de Cristo resucitado. Se renueva continuamente retornando a las raíces de esa experiencia. Para entender el significado Cristiano de la meditación primero debemos ver como se funda en las enseñanzas de Jesús. Los elementos principales de la meditación se encuentran en la gran enseñanza acerca de la oración en El Sermón de la Montaña.
Laurence Freeman OSBExtractos de su libroJesús, el Maestro Interior.
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