El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

viernes, 30 de diciembre de 2011



"Queridos amigos meditadores:

Hoy 30 de diciembre hacemos memoria de la muerte del padre John Main en 1982.
Quiero recordar que gracias a su intuición y a su trabajo constante, la Iglesia pudo volver a las "Fuentes" más antiguas y más puras de su tradición espiritual, esas fuentes que comparte con las religiones más antiguas de la humanidad, y así vivir una renovación espiritual muy importante, sobre todo para los laicos, que me parece aún no se ha valorado en toda su amplitud.

Es mi deseo que podamos continuar su obra en el mundo volviendo cada día al silencio, volviendo cada día a Cristo, cada uno desde su propio carisma, como una forma sencilla pero poderosa de anunciar la Buena Noticia de Jesús para todos los hombres.

Les dejo unas palabras del padre John Main que es bueno tener presentes, porque van al centro del mensaje de los Evangelios:

"Lo que sabemos de las enseñanzas de Jesús es que nos llenamos infinitamente de vida cuando somos uno con la fuente de nuestro ser y entramos de lleno en unión con nuestro Creador, el Uno que "Es", un Dios que se describe como "Yo Soy"...

...Jesús nos dice que si nos abrimos a Él, si tenemos el coraje de escucharlo, de oir lo que dice, entonces la Vida Eterna, la Vida Infinita y la expansión infinita de la Vida serán nuestras. Ese es el misterio. Es a esto a lo que somos invitados a abrirnos. Es a esto a lo que somos invitados a proclamarle al mundo...".

(John Main OSB, El camino de la meditación. Momento de Cristo, Colombia 2009, 33 . 37).

lunes, 26 de diciembre de 2011

Navidad

Navidad 2011

El mantra……se recita continuamente sin prestar atención a los sentimientos: “en tiempos de guerra y en tiempos de paz,” como lo leemos en La nube de lo desconocido; “en tiempos de prosperidad y de adversidad,” como dice Juan Casiano; “desde el comienzo al fin de cada meditación,” de acuerdo a John Main.

Con la práctica el mantra empuja sus raíces más y más profundamente dentro de nuestro ser, creando una armonía entre el consciente y el inconsciente. Desciende imperceptible y gradualmente de la cabeza al corazón. Decimos el mantra fuera de hora, luego lo sentimos resonar, después lo escuchamos con menor esfuerzo y más atención.

Naturalmente, tenemos días tormentosos o períodos de sequedad en meditación cuando parece casi imposible recitar el mantra. Buscamos una justificación para sentarnos y meditar. Cuando lo hacemos, el mantra es inmediatamente llevado por las olas de pensamientos y emociones. Pero si perseveramos o comenzamos una vez más, entonces, como la semilla de la parábola que crece en el oscuro vientre de la tierra (sin saberlo, dice Jesús) el mantra nos guiará más profundamente. Con esta profundidad, el gran regalo de compasión y quietud interior necesario para una mejor y más completa atención, para una trascendencia más generosa, se hará más claro, quieto y autoconsciente. El mantra progresará imperceptiblemente a través del
Espacio de quietud, entre las olas de pensamientos de la vida interior…

Con el tiempo nos llevará a la auténtica pobreza donde aprenderemos simplemente, a ser. El experimentar esta maravillosa realidad de tiempo en tiempo nos fortalecerá para soportar muchas dificultades y desilusiones a lo largo del camino. Tendremos días de fracaso… Pero a pesar que a veces nos parece retroceder, si hay fe, el crecimiento no se detendrá y en la noche más oscura una luz invisible continuará brillando.

Una selección del libro de Laurence Freeman OSB, JESÚS: EL MAESTRO INTERIOR (New York: Continuum, 200) pp. 226 al 227.


Dios todopoderoso y Padre de luz,
Un niño ha nacido para nosotros y un niño nos ha sido dado.
Tu Palabra eterna ha descendido del cielo
en el silencio expectante de la noche,
ahora Tu iglesia se ha llenado de maravilla
por la proximidad de su Dios.
Abramos nuestros corazones para recibir esta vida
Y aumentar así nuestra visión al despuntar el alba,
Que nuestras vidas se llenen con la paz y la gloria de Dios,
que vive y reina eternamente.

“Oración de Navidad” de Oración de Navidad: La Liturgia de las Horas (New York: Catholic Book Publishing, 1976) p. 146.

jueves, 22 de diciembre de 2011

LA NAVIDAD ES UNA ESTACIÓN






La Navidad es el tiempo en que de una manera más viva nos percatamos de la misteriosa mezcla de lo ordinario y de lo sublime en todos los aspectos de una vida Cristiana. Es importante verla como una mezcla, no como una oposición.

La Navidad es una fiesta de gran gozo porque viene nuestro Redentor. En todas las grandes tradiciones religiosas, el Redentor viene como un Niño. El viene a restaurar nuestra inocencia perdida, a restaurarnos a ese estado perfecto de la niñez, para convertirnos en los hijos de Dios, que le obedecemos, que lo amamos, dispuestos a servirle siempre de la forma más perfecta y generosa posible.

El estado de maravilla y de felicidad de un niño en la Navidad es correctamente visto como un sacramento en su verdadero significado. Es con la misma simpleza que debemos recibir este regalo supremo del amor de Jesús.

La Navidad es más que una fiesta - es una estación. Y como todas las estaciones, su esencia consiste en un periodo de preparación, luego el logro y luego de integración de lo que ha sido logrado en la gran estacion de la que formamos parte, la estación de nuestra propia vida´.


Father John Main, OSB
The Joy of Being


domingo, 18 de diciembre de 2011

4ta. Semana de Adviento




“De un hijo divino surgirá una raza humana y un héroe dominará el mundo, y su fama se extenderá por toda la tierra”. Estas palabras de un himno Tibetano del siglo 7tmo., sugieren cuan profunda y universal es la anticipación de que uno de nosotros vendrá y nos guiará más allá de nosotros mismos para que podamos finalmente encontrarnos a nosotros mismos. Éste que esperamos será tanto familiar como extranjero.

Las celebraciones que nos llevan hacia la Navidad son rituales religiosos, culturales y domésticos. Año tras año los repetimos y su familiaridad es parte de su esencia. Pero ellos son los que nos llevan hacia un nivel más profundo en nuestra relación con Aquel que hace su comparecencia en un presente que trasciende la historia, cada día, con cada respiro. Él es tan extraño como familiar. Él es como algo que se expresa en plenitud, como una afirmación bien elegida o un pensamiento no exteriorizado casualmente o inconscientemente sino algo bien considerado, bien articulado y preciso – una palabra poderosa y verdadera que proviene del verdadero silencio y trae consigo la realidad de ese silencio.

“Aunque manifestado, continúa siendo un extranjero” (Máximo el Confesor) y “de cualquier manera que sea comprendido, permanece misterioso” (Dionisio el Areopagita). La espera de su venida vale la pena porque no es tan solo un regalo de afuera. También se produce una implosión al despertar nuestra verdadera naturaleza haciéndonos concientes del regalo de nuestro propio ser. Su familiaridad es reconocida y cuando el alma se abre completamente, todo cambia porque lo vemos todo tal cual es.

Laurence Freeman OSB

domingo, 11 de diciembre de 2011

3ra. Semana de Adviento

Juan el Bautista fue un hombre del desierto. El se sentía atraído por el desierto, se encontraba ahí. “Yo soy la voz del que brama en el desierto”, ahí se encontraba en casa, con las langostas y su miel silvestre, mejor que en un restaurante u hotel. A pesar de ello, la gente se aglomeraba a su alrededor, él ejercía una fenomenal influencia sobre los poderosos. Libre de apegos y no perturbado por las tentaciones que dan seguridad a la que sucumbe la mayoría. Era un apasionado de la verdad y de mostrar las cosas tal cual eran. Al final, al contrariar al rey, pagó, como muchos otros profetas, su último precio, su propia vida.
El adviento no es tan solo esperar que algo pase, es una espera llena de esperanza que vive la verdad del momento, con cada inhalación, respirando la verdad. Se trata de no abandonar los pequeños compromisos ni las excepciones políticamente motivadas con la verdad que desgasta nuestra integridad.
La meditación es encontrarse en el desierto donde puede tan solo puede existir la verdad. Nuestra práctica nos enseña a vivir ahí con felicidad, sintiéndonos en casa con toda su simplicidad y nada más. Entonces, florece el amor a la verdad y nos encontramos en soledad pero no solos, nos encontramos a nosotros mismos, dándonos cuenta que no somos meros egos aislados tratando de sobrevivir y defendernos. Florecemos en valiente libertad como el Bautista que sabía que estaba al servicio de algo más grande que él mismo.
Si sabemos eso, ningún precio es demasiado.