El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

sábado, 28 de agosto de 2010

Dios es el centro de mi alma



La meditación es un concepto muy simple. No es nada complicado ni esotérico. En esencia, meditación es meramente, mantenernos quietos en el centro de nuestro ser. Quietos. El único problema conectado a ello es que vivimos en un mundo de casi frenético movimiento, por ello, la quietud y el arraigo nos parecen extraños. Sin embargo, en la naturaleza todo crecimiento comienza del centro hacia afuera. Desde el centro comenzamos y eso es la meditación, contactarnos con el centro original de nuestro propio ser. Es un retorno al origen, a Dios….San Juan de la Cruz reflexionando sobre la naturaleza de la meditación escribió: “Dios es el centro de mi alma”
La meditación es una maravillosa oportunidad para todos nosotros, porque al retornar a nuestro origen, a lo profundo de nuestro ser, retornamos a nuestra inocencia. El llamado a la meditación para los antiguos Padres de la Iglesia era un llamado a la pureza del corazón y eso es inocencia, pureza de corazón. Una visión exenta de egoísmo, deseo o imágenes, un corazón simplemente lleno de amor. La meditación nos lleva a la claridad pura, claridad que proviene de la simplicidad. Meditar requiere tan solo determinación para comenzar y continuar….

La meditación es el camino para estar atentos. Debemos ir más allá del pensamiento, el deseo y la imaginación, y en ese ir más allá, comenzamos a conocer lo que somos aquí y ahora en Dios, “porque en Dios vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17; 28)
El camino hacia la simplicidad es el camino de una palabra, la repetición de una palabra. Es la repetición y la fidelidad a esa repetición cada mañana y cada noche la que nos lleva más allá de las palabras, del laberinto de ideas, hacia la unidad…La meditación es el camino a la total comunión, a la unidad del ser. En la meditación y en la vida enriquecida por la meditación encontramos la plenitud, encontramos nuestro verdadero ser.

Meditamos por treinta minutos….Recuerden: Sentados, con la espalda derecha, quietos. Ojos ligeramente cerrados, relajados pero alertas. En silencio, internamente, comiencen a repetir una simple palabra. Recomendamos la oración-frase “Maranatha.” La recitamos en cuatro sílabas de igual duración, escúchenla mientras la repiten, gentilmente, continuamente, no piensen ni imaginen nada, ni siquiera algo espiritual, repitan la palabra con fe desde el principio al fin de la meditación.

viernes, 27 de agosto de 2010

La Realidad de la Fe

Esta es la explicación de la verdadera naturaleza escrita por San Pablo a los Hebreos:“Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve”. (Hebreos 11:1-3)El gran problema que muchos Cristianos encuentran en este momento de la historia es que muchas de las palabras que utilizamos para expresar nuestras creencias, nos han fallado. Ya no tienen el poder para mover nuestros corazones, de cambiar nuestras vidas. Una palabra clave es “fe”. Por eso creo que la meditación tiene suprema importancia para nosotros porque nos lleva a la experiencia de la fe.La fe es simplemente la apertura de nosotros, al compromiso, a la realidad espiritual fuera de nosotros y es en lo que basamos nuestra vida. San Pedro, cuando escribía a los primeros Cristianos les aconsejaba: “Guarda a Nuestro Señor con toda reverencia en tu corazón” y los autores de las cartas a los Hebreos nos dicen que por la fe vamos de lo visible a lo invisible, a la realidad espiritual. Estos dos puntos están arraigados en la experiencia de la oración.Es por eso que la disciplina de nuestro diario compromiso a la meditación es de gran importancia. Como sabes, cuando comienzas a meditar y a integrar la oración en tu vida, puede ser como “muy agradable”, pues nos entra una ola de entusiasmo espiritual. Pero cuando debes regresar cada día y al aprender a estar en un silencio profundo y en apertura, pronto descubres que esto requiere de mayor amor de tu parte – no solo de entusiasmo. Cuando la gente te vea dirán: “¿Qué haces sentado en silencio, sin hacer nada?”. Casi todos los valores de nuestra sociedad marchan en contra de este acto de fe, en el que te sientas, cierras tus ojos a lo visible para abrirlos a la realidad invisible. En la misma carta a los Hebreos el autor dice:“...corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, de quien depende nuestra fe de principio a fin” (Hebreos 12: 1-2).De esto se trata la fe. De abrir nuestros ojos a la gran realidad que Jesús nos revela, quien nos revela al Padre. Quitamos nuestras miradas de nosotros mismos. Cuando meditamos dejamos de estar preocupados de nosotros mismos de nuestra perfección, de nuestra sabiduría, incluso de nuestra felicidad. Nuestras miradas están fijas en Jesús y de El recibimos todo, literalmente, todo. Debemos hacer la carrera y despojarnos de todas las dificultades que podamos tener, cualquiera que sean. Jesús – por la búsqueda del gozo que le esperaba, dio todo de sí en la cruz, haciendo ligera su pena, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.La meditación aligera nuestro corazón pues aprendemos que solo hay algo esencial en la vida y consiste en abrimos y entrar en armonía con el autor de la vida, con la Palabra de donde se genera nuestra vida, con el Hijo encarnado de Dios, con nuestro Señor Jesús. Nuestra fe es la fe que está descrita en el término de los evangelios sinópticos llamado “el Reino de Dios” y el Reino de Dios es simplemente el poder de Dios en su trono en nuestro corazón. Esto es lo que nos hace ligeros de corazón y esto es de lo que se trata la alegría Cristiana.Ese poder de Dios está sólidamente arraigado en nuestro corazón. Nada, ningún poder, ninguna dominación, ninguna prueba, puede perder esa fe arraigada. El Reino que tenemos es sólido. Como Cristianos debemos aprender a comunicar ese Reino y esa fe. Pero solo lo podemos hacer si la realidad de ese Reino no es solo una teoría para nosotros, sino que esta integrado solidamente en nuestro ser. Como sabes, meditar es aprender a estar profundamente quieto y profundamente atento a la realidad espiritual. En la meditación aprendemos a distinguir lo que pasa y lo que es permanente. Aprendemos a ver la diferencia entre el tiempo y la eternidad. La maravillosa experiencia liberadora de la oración es liberarnos del tiempo, para poder estar profundamente insertados en el momento presente del Reino donde podemos ver el eterno ahora de Dios.“Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente, porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12: 28-29).De nuevo, el autor de la carta a los Hebreos proclama maravillosamente lo que es la invitación Cristiana: Adorar, que significa reverenciar, hacernos humildes ante lo eterno, ante lo espiritual, ante la realidad de Dios. Debemos encontrar esa experiencia de reverenciar y adorar a Dios dentro de nuestro corazón, dentro de nuestro espíritu. El simple ejercicio de repetir nuestra palabra nos lleva a esa simplicidad, nos lleva a la pobreza de espíritu. El autor de La nube de lo desconocido, habla de la meditación como un ejercicio que desprende la raíz del pecado en nosotros. Al decir tu palabra, al meditar cada mañana y cada noche, vas perdiendo la raíz del ego interno y todos necesitamos desprender esa raíz para entonces poder arraigarnos y fundarnos en Cristo.Mira de nuevo lo que dice la carta a los Hebreos:“Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar o que esté ardiendo en fuego... Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios viviente... a Jesús, el mediador de un nuevo pacto”. (Hebreos 12: 18, 22, 24)Para prepararte a meditar simplemente escucha esta llamada de fe de la carta de los Hebreos y por nuestra quietud y silencio profundos, vayamos en alabanza y reverencia a la presencia de nuestro Señor Jesús, el mediador del Nuevo Pacto, del Pacto de Amor.

jueves, 26 de agosto de 2010

Juan Casiano


Monje y escritor ascético, nacido en Dobrudja en la desembocadura del
Danubio alrededor del año 360 y murió alrededor del año 435 . Tras siete años en el desierto de Egipto como eremita, marchó a Constantinopla, donde fue diácono de san Juan Crisóstomo. Al ser desterrado éste, Casiano se refugió en Roma, donde, al parecer, recibió el presbiterado. Cerca de Marsella fundó dos monasterios. Compuso para ellos las 24 conferencias o Collationes, que han figurado en todas las bibliotecas monásticas medievales. Casiodoro y san Benito se inspiraron abiertamente en estos textos, en los que se preconiza la vida cenobítica para preservarse de las arbitrariedades de la vida eremítica y el ascetismo es moderado y humano. Sus doctrinas teológicas provocaron la controversia semipelagiana. Es venerado como santo en muchos lugares, sobre todo en Marsella, cuya fiesta se celebra el 23 de julio.

San Benito de Nurcia


La única fuente con información sobre la vida de San Benito de Nursia es el libro segundo de los Diálogos, escritos por san Gregorio Magno (c. 540-604). Para estos relatos, el pontífice se basó en el testimonio de algunos monjes que conocieron al santo. Este libro, en algunos pasajes, carece del rigor histórico tal como se entiende en la actualidad.
Era hijo de un noble romano. Su hermana gemela se llamaba Escolástica y también fue reconocida como santa. Su infancia se desarrolla en Nursia donde realiza sus primeros estudios. Es enviado a Roma para estudiar filosofía y retórica, pero decepcionado por el desorden moral de los habitantes de la ciudad y deseando una vida más espiritual, pronto abandona la capital para retirarse a Enfide (actual Affile), de donde huyó, según la leyenda, tras realizar un milagro. Con ayuda del abad de un monasterio cercano llamado Román, se instaló en una gruta de difícil acceso, en un lugar cercano llamado Subiaco, para vivir allí como un ermitaño. Después de pasar tres años en ese lugar, dedicado a la oración y el sacrificio, fue descubierto por unos pastores, quienes extendieron su fama de santidad.


Icono de tradición ortodoxa griega de san Benito de Nursia
A partir de allí, y especialmente gracias a sus supuestas dotes de taumaturgo, fue visitado constantemente por personas que buscaban su consejo y dirección espiritual. Es elegido abad de un monasterio en Vicovaro, en el norte de Italia, pero dado que los monjes no aceptan su régimen de vida exigente, intentan envenenarlo. Según la leyenda, Benito descubre las intenciones de los monjes porque, en el momento de impartir la bendición, el recipiente se hace pedazos. Tras esto, el abad decide abandonar la comunidad. Vuelve a Subiaco, donde, debido a una gran afluencia de discípulos, funda allí varios monasterios. En 529, a causa de la envidia de un sacerdote de la región, se refugia en Montecasino donde funda un monasterio y desde donde se extiende la Orden Benedictina. En 540 escribe su famosa Regula monasteriorum (Regla de los monasterios). Murió en el año 547.

San Benito con el Libro de la Regla
A Benito se le representa habitualmente con el libro de la Regla, una copa rota, y un cuervo con un trozo de pan en el pico, en memoria del pan envenenado que recibió Benito de parte de un sacerdote de la región de Subiaco que le envidiaba. San Gregorio cuenta que, por orden del santo, el cuervo se llevó el pan adonde no pudiera ser encontrado por nadie.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Bede Griffiths


Este respetado fraile benedictino y guía espiritual, nació en 1906 en Inglaterra en el seno de una familia de clase media. Educado en Oxford, dejó su país natal en 1955, atraído por la filosofía y religión de la India, adonde fue en busca de "la otra mitad de su alma". Se instaló en el ashram de Saccidanada, llamado Shantivanan (Morada de la paz), conduciéndolo desde 1968 hasta su muerte con un estilo sencillo que incorporaba elementos tanto orientales como occidentales. Llegó a ser reconocido como un gurú por los aldeanos de la ciudad, viviendo voluntariamente en la pobreza y consumiendo sólo lo indispensable. Para él, la vida debía estar libre de necesidades artificiales viviéndose al día y en equilibrio con la naturaleza. Así, en el ashram se cultivaba únicamente lo necesario para la subsistencia.Aunque cristiano devoto, portaba el "Kavi" – hábito azafrán del santón hindú - y andaba descalzo. Todo lo que hace referencia a él representa la simplicidad, valor central de su vida, que fue adoptando paulatinamente al ir asimilándose a la austera India. Contrario a las grandes ciudades por su deshumanización y alejamiento de la vida natural, rehusó asimismo la seguridad de la vida monacal. Vivió consecuentemente su convicción de que la libertad espiritual se consigue sólo a través del desapego, abogando por las comunidades pequeñas de cooperación mutua para el crecimiento de todos, en armonía con la naturaleza, y con la mayor prescindencia posible de necesidades materiales. "Vivir despojado", no como un sacrificio, sino gratamente, como un camino para encontrar el gozo espiritual.El Padre Bede consagró gran parte de su vida al estudio y la comprensión de la relación entre la religión cristiana y la tradición religiosa hindú y budista, sin dejar de lado la integración entre ciencia y misticismo. Esto ha hecho que se le compare con Lama Govinda. Para ambos, debía producirse un cambio cultural profundo, una síntesis entre Oriente y Occidente, donde la ciencia occidental y el pensamiento y tradición oriental encontraran un desarrollo compartido. Las religiones están unificadas en su origen, difiriendo sólo en lo exotérico. Al profundizar en su contenido esotérico nos acercamos a su fuente. Cada tradición encierra una verdad eterna que se manifiesta de forma distinta, siendo la tarea actual de la humanidad el ir en busca de esa verdad esencial e interna de cada tradición, de donde emergerán las posibles soluciones.El Padre Bede creía en un renacimiento de las verdades profundas a través del enriquecimiento del cristianismo con la experiencia oriental. La comprensión e interrelación entre ellas produciría paulatinamente la emergencia y florecimiento de las simientes verdaderas. Pensaba asimismo que la incorporación de una visión no dualista (advaita) era esencial para la sobrevivencia espiritual humana. Junto al privilegio del aspecto contemplativo de la experiencia religiosa, está el "abandono de sí mismo", primeramente de los sentidos y luego de la mente y sus limitaciones. La forma de llevar esto a la práctica es a través de la meditación, la que permite experimentar algo de la realidad trascendente y del acercamiento a Dios. Su realización perseverante y prolongada incidirá en la actitud hacia las otras personas y hacia el mundo circundante, propagándose sus efectos a todas las cosas.El camino hacia la espiritualidad es difícil de llevar a cabo si no se tiene un entrenamiento adecuado. Por esto, las personas comunes necesitan "apoyos", como la oración, los rituales, los cantos devocionales. Todo tiene su lugar, como asimismo el amor hacia las personas, hacia la naturaleza y la belleza, lo que facilita un acercamiento mayor a este gran misterio trascendente. Es la percepción del universo como un organismo vivo y sagrado, del que todos y todas las cosas formamos parte. Esto es válido para cualquier religión, y estas verdades comunes, y por tanto posibles de compartir, eran las realzadas por el Padre Bede. La idea de un Dios trascendente pertenece mas bien al punto de vista bíblico, pero es perfectamente compatible con el enfoque hinduísta de un Dios inmanente.Como ésta, hay gran cantidad de verdades esenciales que pueden ser complementarias y que merecen ser trabajadas en este tiempo, buscando la unificación. La expresión "venimos de la unidad y vamos a la unidad" manifiesta que existe afinidad en la esencia tanto del hinduísmo como del budismo y del cristianismo, y que sus diferencias y contradicciones sólo están en la superficie. La distorsión de una verdad y, por lo tanto, el inicio de las diferentes corrientes, comienza en el momento mismo en el que aquella entra en nuestro mundo de tiempo y de materia, debido a los distintos grados de comprensión y a la necesidad de emplear el lenguaje, de por si insuficiente e imperfecto, para referirse a lo ilimitado, a lo divino.Otra diferencia aparente entre Este y Oeste es la concerniente a la relación con Dios. Para el oriental la relación con Dios es en términos de consciencia, donde el pecado es la ignorancia, vista como inconsciencia de niveles superiores de mayor amplitud. En la tradición judeo-cristiana la relación se concibe en términos morales, como pecado versus virtud. Pero ambos están interrelacionados. Al situarse la ignorancia en la consciencia y el pecado en la voluntad, son dependientes entre sí. Para el cristiano, Dios es omnipotente allá en el Cielo, y el hombre, su criatura acá en la Tierra, trata de merecer su Gracia mediante la práctica de la virtud. El oriental ve la unidad de Dios en todos los seres y acontecimientos, y busca a Dios dentro de sí como una parte de Dios que es el mismo. A nivel profundo ambas versiones son valederas y convergentes.Para la tradición hindú, Dios es Sat-chit-ananda (Ser-Conocimiento-Bienaventuranza), pura consciencia. Para el cristianismo, Dios no sólo puede considerarse como un estado de consciencia, sino como una relación de amor. El amor cristiano sería paralelo al ahimsa (la no violencia) del hinduísmo y a la compasión del budismo, aunque cada cual con un carácter distintivo. En la tradición hindú, la persona al final desaparece, pero en la tradición cristiana, la realidad última es personal o interpersonal. Mediante el amor nos salimos de nosotros mismos y nos entregamos a otro, y sin perdernos en el otro somos uno, pero a la vez diferentes. En la consciencia existe una sola identidad, pero no ocurre así en el amor, ya que él implica al amante y al amado, cuya comunión los convierte en uno. Es una paradoja.Todos tenemos la misma capacidad de trascendernos y experimentar la unidad con Dios, diferenciándonos en los diversos grados de apertura hacia lo divino. Esta posibilidad coincide en las diferentes religiones, aunque con matices. Para el hindú es posible devenir Dios, pero para el cristiano esta realización no puede ser completa para un ser humano. Podemos unirnos a El, experimentar Su amor, pero El estará siempre más allá, debido a nuestras limitaciones. No podemos ser Él.Se aprecia una marcada diferencia entre Oriente y Occidente en la concepción del tiempo. En las religiones orientales el tiempo es cíclico: personas y avatares vuelven una y otra vez y no hay un final. Hebreos y cristianos, en cambio, tienen un punto de vista lineal donde el tiempo transcurre hacia un final en el que Jesús lleva todo a un nuevo comienzo en otro plano: culminación y trascendencia del tiempo y el espacio en la resurrección.. Al ser lineal esta perspectiva, esta trascendencia se produciría en un momento histórico, a diferencia del hindú, que transita en su proceso de devenir Dios a través de los ciclos de renacimiento. La base común de estas visiones está en la posibilidad de revelación divina, factible a todos de acuerdo a su capacidad y grado de apertura. Capacidad que puede crecer y llegar a ser total.Un paso inicial y fundamental para esta transformación es la fe, no en su sentido común de creencia, sino como anhelo de conocimiento profundo. Estrictamente hablando, la fe es una iluminación de la mente, pero se emplea indebidamente como sinónimo de creencia en lo no demostrable. La fe debe llevar a la experiencia, y ésta a la apertura de la mente ante la realidad trascendente, el verdadero conocimiento. Así, la fe debe actuar como motor para un comienzo en el experimentar y conocer. Sin esto, se transforma en teología vacua, puramente intelectual. La mera creencia no nos salva ni nos transforma, es limitada, pasiva. Sólo una "fe conformada por el amor", una fe real, nos abre a lo divino. Y de esta tenemos poca en el cristianismo, donde muchos sólo creen.Desde remotos tiempos se ha simbolizado a Dios, la divinidad, la realidad última, con la luz, en oposición a la oscuridad de la ignorancia, el pecado y la muerte. Curiosamente, sin embargo, para el Padre Bede lo supremo se encuentra en la "divina oscuridad", tras un viaje que sobrepasa a la imaginación, a los pensamientos, a la mente, hasta llegar a Dios, oculto en las profundidades del inconsciente. En el trayecto hay que descartar muchos demonios y distracciones, los que parecieran ser - desde el punto de vista del Padre Bede - fenómenos de la luz. Toda visión sería consecuencia de la luz, de un mundo témporo-espacial, de no-Dios, quien es lo no formado, lo invisible, lo incognoscible. Así, Dios sólo puede ser encontrado en la oscuridad del centro interno del ser.El cristianismo necesita crecer, reconstruir su teología con nuevos aportes, pues el Platonismo y el Aristotelismo que la fundamentaron en el Medioevo ya se hacen insuficientes. Una fuente de esa nueva savia se puede encontrar en el misticismo oriental, en sus intuiciones profundas coincidentes, más allá de lo exotérico separatista. Otra fuente viva de aporte debería ser la ciencia contemporánea, cuya visión del mundo ha ido penetrando gradualmente todos los estratos y su asimilación tendrá que llevar a una nueva teología. La ciencia está redescubriendo lo sagrado y la realidad reverenciable del universo. Se vuelve a la concepción de que el cosmos se refleja en nosotros. Ella desapareció durante el Renacimiento cuando se instauró la división entre el ser humano como observador separado de un universo material exterior a él. Para el hindú todo es sagrado, pero como el cristiano occidental ha perdido esta visión - que todo pueblo nativo inicialmente tuvo – necesita recuperarla. En ese proceso son de gran ayuda las ideas de Einstein, Bohm, Sheldrake, Capra y otros que, al modo occidental, han redescubierto los viejos valores universales. Es una oportunidad histórica única para renovarnos y ampliar nuestro horizonte de comprensión.Actualmente hay una gran efervescencia por esta búsqueda, lo que ha producido en diferentes niveles acercamientos entre Este y Oeste. El transplante ideológico y cultural es bilateral. Así como occidente se vuelca hacia oriente en busca de respuestas existenciales, así también los orientales implantan en sus pueblos los valores de la tecnificación, industrialización y ciencia occidentales, en contrapunto con la vida tradicional conservada por las generaciones mayores. Todo este movimiento de transferencia debería, a pesar de demoras y conflictos, llevar a una síntesis valiosa para ambos, en la que los valores profundos de ambas partes confluyan y se encuentren. Se puede apreciar en la práctica que las nuevas ideas científicas como la teoría cuántica, el orden implicado o los campos mórficos son aplicables tanto a escala humana como a nivel fundamental, fusionándose así el macrocosmos y el microcosmos en un todo único e indivisible. Las implicancias son de tal magnitud que no se pueden limitar sólo al ámbito científico, sino que comprometen en igual medida a la filosofía, al misticismo, y a toda la consciencia humana.A pesar de la diversidad de intereses del Padre Bede, su gran obra fue su vida, su búsqueda de simplicidad, su constancia en llevar su comprensión a la experiencia, y su esfuerzo continuo por el logro de la unificación de lo mejor de las religiones oriental y occidental. En especial, la búsqueda de lo que nos une por sobre lo que nos separa, la persecución de las coincidencias por sobre los antagonismos aparentes. Él veía a la hermandad humana subyacer bajo cualquier diferencia aparente, y en forma intuitiva buscaba los puentes de comunión. Esta cualidad se evidenciaba ya en su primera juventud, cuando formó una comunidad con sus amigos en Inglaterra, como alternativa a lo que estimaba como artificioso y superficial en el intelectualismo, la industrialización e incluso las grandes iglesias. Este hombre sensible, que de joven se extasiaba ante la poesía, y que con los años se transformó en un erudito, fue paralelamente descartando de su vida todo lo no esencial, todo artificio y exceso. Supo rodearse de lo mejor de la tradición oriental y del pensamiento occidental, acudiendo a congresos de ciencia y misticismo con la vanguardia de la ciencia contemporánea, leyendo a los más connotados filósofos, teólogos y místicos. Por sobre todo, fue un gran ecumenista que supo aprender de la esencia de todas las corrientes y sintetizarlas en su vida y afán unificador.Algunas de sus obras son: "The Golden String", que describe su búsqueda espiritual; "The Marriage of East and West", que habla de la síntesis de pensamiento entre ambas tradiciones; "Return to the Center", que contiene pensamientos sobre la unificación religiosa; "Christ in India", con ensayos sobre religiones comparadas y filosofía; y su última obra, "The Cosmic Revelation", sobre los Vedas. Además de los escritos, el Padre Bede logró hacer de su ashram un centro de encuentro de personas de diferentes religiones, en un ambiente de paz, sencillez y calma que propiciara las prácticas contemplativas y el diálogo en comunión. Una biblioteca esencial, comida vegetariana, meditación, cánticos budistas, hindúes y cristianos, velas e incienso, se reunían en una atmósfera espiritual universalista en la que no existía la segregación.El Padre Bede Griffiths falleció el 13 de Mayo de 1993 en su ashram, a la edad de 86 años, dejando una gran tarea por continuar, como es el fortalecimiento de ese puente tendido entre el cristianismo y las tradiciones orientales, el que significará una base fundamental para la sobrevivencia espiritual.
Tatiana Reyes

martes, 24 de agosto de 2010

John Main



John Main OSB descubrió la meditación en Oriente cuando trabajaba como diplomático. Este descubrimiento lo llevó a a tomar votos como monje benedictino y establecer una nueva Comunidad Benedictina dedicada a la práctica y enseñanza de la meditación cristiana. Desde su muerte esta comunidad se ha expandido hasta convertirse en una gran familia espiritual con muchas formas de expresión y alcance “un monasterio sin paredes”. Su profunda visión de vida fue la de una comunidad de amor. Sus libros y charlas grabadas continúan inspirando el crecimiento y profundizando esta enseñanza de manera siempre nueva.

John Main trae la tradición de oración del desierto a nuestros días. La raíz de su espiritualidad se encuentra en los siglos cuarto y quinto, especialmente en los trabajos del gran expositor Juan Cassiano.

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Algo más sobre su vida y obra:
Uno de los más influyentes líderes espirituales de la oración en nuestros tiempos fue John Main, un monje Benedictino Irlandés. Nació en Inglaterra en 1926 y murió en Canadá cincuenta y seis años después . De acuerdo a Fr. Bede Griffiths, que escribió poco después de la muerte de John Main, él fue el ’más importante líder espiritual de la Iglesia actual’.John Main era un joven diplomático Católico que vivía en el Lejano Este y fue introducido a la meditación por un monje Hindú llamado Swami Satyananda. Sin alejarse de su propia fe, John Main inmediatamente reconoció el valor de esta práctica que profundiza y enriquece las otras formas de oración Cristiana. No fue hasta muchos años después que se percató de lo mucho que esta práctica de oración silenciosa del corazón se encontraba enraizada en su propia tradición Cristiana. Pudo ver con mirada fresca las enseñanzas de Jesús sobre la oración. Y leyó una nueva descripción viva de Juan Cassiano acerca de los primeros monjes Cristianos, Los Padres y Madres del Desierto, que practicaban y enseñaban con su humilde ejemplo la disciplina simple de ’la oración de una palabra’. Vio el poder que tenía esta disciplina para lidiar con las distracciones que inevitablemente llenan la mente, sobretodo durante la oración pero también en otros momentos.En el mantra vio el camino de esta quietud (’hesychia ’ como la llamaban los Cristianos de Oriente) u ’oración pura’ que es la ’adoración en Espíritu y verdad’. Vio como la disciplina del mantra purifica el corazón de deseos contradictorios y nos unifica. El lugar de la unidad es el corazón, en donde hallamos nuestra más profunda y natural orientación hacia Dios como fuente personal y meta última. Entendió también cómo un mantra nos lleva a esa pobreza de Espíritu, o de la no-posesividad, que Jesús afirmaba como primera virtud y condición para la felicidad humana. John Main pronto aprendió, por medio de su propia práctica de meditación que la disciplina de meditar en la mañana y en la noche da balance a todo el día, cada día de nuestra vida, en una paz y dicha cada vez más profundas. Y cada vez más, notaba la conexión entre su experiencia de paz interna con el Evangelio y la fe Cristiana. La oración se volvió más importante que hablar o pensar en Dios. Es ser uno con Dios.

lunes, 23 de agosto de 2010

Laurence Freeman


Nació en Londres, Reino Unido, fue educado por los Benedictinos y luego hizo una Maestría en Literatura Inglesa en el New College, Oxford.Su guía espiritual fue Dom John Main, a quien el Padre Laurence había conocido durante muchos años, incluso antes de entrar a la vida monástica. El estudió con el padre John en su noviciado y luego lo asistió al establecer el primer Centro de Meditación Cristiana en Londres en 1975, el cual fue el origen de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana.El Padre Laurence acompañó al Padre John a Canadá, a donde habían sido invitados para establecer una pequeña comunidad Benedictina enseñando y practicando la meditación. Desde aquí John Main y Laurence Freeman vieron firmemente la necesidad de recuperar esta tradición espiritual para el mundo. El Padre Laurence se ordenó sacerdote en 1980.

lunes, 9 de agosto de 2010

El problema de las distracciones

“Ahora quiero ocuparme de una pregunta en particular con la que siempre nos encontramos. Es la pregunta con respecto a las distracciones. ¿Qué deberías hacer cuando comienzas a meditar y llegan a tu mente pensamientos que te distraen? El consejo que nos da la tradición es que ignores las distracciones, que digas tu palabra y que continúes diciéndola. No gastes energía tratando de fruncir el ceño y decir, “No pensaré en lo que voy a cenar”, o “a quien voy a ver hoy” o “dónde voy a ir mañana”, o cualquier otra distracción. No trates de usar tu energía para disipar la distracción. Simplemente ignórala y el modo de ignorarla es decir tu palabra”. (John Main Moment of Christ)El problema que todos tenemos para llegar al silencio interior en la meditación es que nuestras mentes están llenas de pensamientos, imágenes, sensaciones, emociones, percepciones, esperanzas, remordimientos, un inacabable sinfín de distracciones.Santa Teresa de Ávila una vez dijo que nuestra mente es un barco donde los marineros amotinados han atado al capitán, Los marineros hacen turnos al timón del barco y éste por supuesto navega en círculos y finalmente choca contra las rocas. Así es nuestra mente, dice Teresa, llena de pensamientos que nos llevan en todas direcciones. También dice:“Las distracciones y la mente que gusta de divagar son parte de la condición humana y no pueden ser evitadas del mismo modo que no pueden se evitados el comer y el dormir”La mente humana ha sido comparada con un inmenso árbol lleno de monos que saltan de una rama a la otra haciendo ruidos. Al comentar esta historia Laurence Freeman dice que hay un camino que lleva a través de este bosque de monos parlanchines y que es la práctica de recitar un mantra en nuestros periodos diarios de meditación.El mantra nos ayuda a concentrarnos, permitiéndonos ir más allá de las distracciones, palabras y pensamientos, incluso pensamientos sagrados. Decimos el mantra despacio, firmemente con amorosa atención. Cuando nos damos cuenta que nuestra mente ha divagado, simplemente volvemos a nuestro mantra. No podemos forzar esta manera de rezar por pura fuerza de voluntad. No te esfuerces demasiado. Abandónate, relájate. No hay necesidad de pelear o luchar contra las distracciones. Simplemente vuelve suavemente a decir tu mantra.Desafortunadamente la repetición de un mantra no trae la paz , armonía, ausencia de distracciones o silencio en forma instantánea. Debemos aceptar que estamos en el peregrinaje de la meditación. No deberíamos disgustarnos por las continuas distracciones. No deberíamos tener como meta el estar libre de todos los pensamientos. Continuamente John Main nos aconseja no llegar a la meditación con metas o expectativas. Finalmente el mantra quedará arraigado en nuestra conciencia a través de la simple fidelidad de volver al mantra cada mañana y cada noche.Un problema que generalmente observan los que meditan es que el proceso del pensamiento continúa aún mientras se repite el mantra. Incluso hay un término para esto: camino doble (double tracking). Esto es algo por lo que no debemos preocuparnos. Con perseverancia el mantra se volverá más fuerte y nuestros pensamientos disminuirán mientras que el peregrinaje de la meditación continúa.