Da, y habrán regalos para ti: una medida colmada y rebosante caerá sobre tu regazo; porque en la medida que des, te será devuelto y con creces.
A John Main le encantaba esta imagen y la leía con la exhuberancia y deleite que siente una persona verdaderamente contemplativa sobre la vida con todas sus pérdidas y sufrimientos.
Rosie Lovat, la primera oblata de nuestra comunidad comprendió esta sabiduría y la llevó con entusiasmo a la práctica de su propia vida, ella murió en paz en su casa de Londres un sábado a la noche a la edad de 93 años. Ella estaba muy unida al Padre John y visitaba nuestra joven comunidad en sus comienzos en Montreal. Tan pronto como llegaba del aeropuerto entraba a la cocina y nos daba de comer a todos nosotros, hombres hambrientos, no solo materialmente, también con el espíritu con que compartía nuestras vidas. Ella se dio por completo e irradiaba todo lo que recibía a cambio. Era una mujer poderosa, inteligente y autoritativa aunque con una dulzura y gentileza que las pérdidas trágicas de su propia vida parecían profundizar. Ella bebía de la vida compartida y de sus enseñanzas, siempre consciente de la maravilla que le aportaban.
Hace algunos años ella me dio sus diarios de esa época. Leí esto ayer: “El Padre John dijo en Misa. Jamás me acostumbraré a la maravilla de hacer pan, diciendo mi mantra al ritmo de la respiración – poniendo todo mi corazón en ello – luego, en Misa, se transforma en el Cuerpo de Cristo. ¿Qué mayor alegría podría haber que esto?
Al final, no son las charlas ni lo escrito que nos enseñan, sino la forma como se vive la vida y la manera como se la regala y como se la recibe a cambio en la misma medida. Concentrarse en algo más que esta felicidad por demasiado tiempo es perderse en el desierto.
Laurence Freeman
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