El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

jueves, 15 de marzo de 2012

Jueves de la 3ra. semana de Cuaresma



"Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló.
Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios." Lucas 11:14–15
Siempre hay alguien que arruina la diversión, o piensa - como tantos en nuestros medios de comunicación - que el cinismo es la respuesta correcta.
En algún lugar escondido en nuestro ego, existe un mecanismo que se activa cuando siente la expansión del espíritu. Intenta rebajarlo, alejarlo y controlarlo.
Uno debe estar atento a esta reacción tanto en uno mismo como en el grupo, porque no es un crítico real que habla la verdad desde el amor y que nunca deja de ver lo positivo. Es un crítico falso que busca limitar y negar. Y una vez que comienza el crítico falso se vuelve contagioso. De repente todos nos fijamos solamente en lo negativo y desconfiamos o rechazamos lo creativo.
En el evangelio de hoy, Jesus echa al diablo mudo y restaura el habla. En el desierto, en la meditación, nos exponemos al poder del silencio verdadero. Cuando el silencio se encuentra con el diablo mudo, el diablo de temor y de orgullo que nos impide decir la verdad y nos hace brotar en palabras negativas, el diablo es demolido. El temor se disuelve y el orgullo se vuelve humildad. Entonces cuando hablamos, si hablamos, será con palabras que edifican y restauran los corazones rotos y desalentados. Y estas palabras no dejaran de estar inmersos en el silencio desde donde fluyen.

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