Las dos preguntas más importantes que debemos considerar cuando meditamos son: Primero: ¿Porqué debemos meditar? Segundo: ¿Cómo debes meditar? En nuestras pláticas de introducción a nuestros grupos, tratamos de no enfatizar mucho en ¿porqué debemos meditar?, pero más bien en ¿cómo meditar? Si genuinamente ves la primera pregunta, estoy totalmente convencido que la meditación puede añadir una dimensión de mucha riqueza a tu vida. Me gustaría poder tener los poderes de persuasión y elocuencia para poder convencer a todos de la importancia de meditar.La importancia de esto es llegar a ser tú mismo. Cuando meditas, no te estás disculpando por quien eres, tampoco estás tratando de que otros te acepten, no estás actuando. Debes tener cuidado, no es fantasía (estoy haciendo algo sagrado)
Solo debes sentarte quieto y es en esa quietud que logras la sabiduría de saber
que sólo puedes ser tú mismo, y que sólo puedes ser tú mismo porque eres la persona creada para ello, si estás dispuesto a renunciar a ti mismo. La verdad que puedes descubrir en tí mismo, bajo tu propia experiencia, que solo podemos encontrarnos en el otro. Ningún auto-análisis, o auto-examen podrá revelarte lo que eres. Pero si desenfocas tu atención de ti mismo y la proyectas hacia delante, descubrirás al otro, y al descubrir al otro, te descubres a ti mismo.El otro es la Base de tu Ser, el otro lo llamamos Dios, la Suprema Sabiduría, el Ser Supremo, el Amor Supremo. El nombre no es importante. De hecho, en la meditación y en tu silencio, el silencio completo, vamos más allá de los nombres y de las palabras para encontrar la Realidad.Por ahora quiero repetir cómo meditamos. Es necesario repetir esto muchas veces porque la meditación es muy sencilla. Para nosotros, Occidentales complejamente auto-conscientes, es difícil creer y aceptar que algo tan simple sea tan poderoso. Entonces, una vez más, para meditar debes estar quieto y recitar internamente, en tu corazón, en tu mente, una palabra o frase. La palabra que te recomiendo es una palabra en arameo y es Maranatha, que debe recitarse en cuatro sílabas igualmente enfatizadas “Ma-ra-na-tha”. Eso es todo lo que se requiere para meditar. Yo aprendí a meditar hace como 30 años y mi maestro me solía decir, en respuesta a cualquier pregunta que yo le hacía respecto a la meditación: ´Repite tu mantra, repite tu palabra´. A medida que he continuado mi meditación a través de los años, me doy cuenta de la sabiduría absoluta de lo que él me enseñó. Si puedes entonces aprender a decir tu palabra y continuar diciéndola, continúa repitiéndola durante 20 a 30 minutos, repitiéndola de principio a fin, vas a ver que eventualmente lograrás desengancharte de tus ideas, tus conceptos, tus palabras y tu mente por la mayor parte del tiempo, y entonces lograrás, con paciencia y fidelidad, la claridad de conciencia.Ahora respondamos a algunas preguntas prácticas. ¿Qué debes hacer si mientras te sientas a meditar te sientes muy nervioso, o empiezas a ver colores, o a escuchar sonidos, o lo que sea? Estos son solo síntomas de tensión. Una manera sencilla para relajarte es acostarte boca-arriba y pasar unos momentos permitiendo que el suelo quite el peso de tu cuerpo, respirando profundamente desde tu diafragma. No muevas el pecho, pero retiene la respiración en tu diafragma por unos 5 a 7 segundos y después exhala por tu boca. Haz este ejercicio unas 10 veces y después siéntate a meditar. Verás que este ejercicio es muy útil antes de que medites ya que la mayor parte del tiempo podemos sentirnos tensos. Tenemos que manejar con el tráfico, lidiar con los problemas del trabajo o de la familia, y esto nos hace sentir tensos. Pero a medida de que progreses en tu meditación, los mismos períodos de meditación te permitirán tener una mayor relajación y muy probablemente podrás meditar directamente saliendo de tu trabajo o de otra actividad. El otro punto que podrás notar cuando empiezas a meditar es que cualquier fenómeno que se te presente – ya sean colores, sonidos, visiones, o lo que sea – tómalo, como principio general, de que esto no tiene nada de importancia. No tiene ningún significado, excepto, quizás, que sólo requieres estar más relajado al inicio de tu meditación. Una de las cosas que debes aprender sobre como ver la meditación es verla sin esperar nada. Muchos de nosotros en Occidente, cuando empezamos a meditar, esperamos tener visiones o comprender la vida con mayor profundidad, o esperamos obtener sabiduría o conocimiento. Pero tú debes venir con absoluta generosidad, y con absoluta pobreza de espíritu, esto es, sin exigencias o expectativas – solo sabiendo que para esto fuimos creados. Esto es para todo aquel que está leyendo este libro por lo que fue creado – para ser y para estar en relación con su Creador.Esta es la relación fundamental de nuestra existencia – criatura y Creador. Al meditar entras en la armonía de esta relación. Te pones en armonía con el Creador y entonces uno de los frutos de la meditación es que la armonía que descubres en ti mismo, la empiezas a descubrir en todo lo demás. Entonces, el verdadero hombre o mujer espiritual, es aquel que está en armonía con todo lo que encuentra. Encuentras a otros no en una forma competitiva, o proyectando una imagen de lo que eres o quisieras ser. Pero empiezas a encontrar a los otros como tú eres, la persona que eres, cómoda o segura de ti misma, aceptando tu propio ser. Y lo aceptas porque, desde el silencio de tu meditación, llegas al conocimiento de que eres aceptado. Y no es que seas aceptado porque hiciste las cosas correctamente. Lo que descubres cuando empiezas a explorar tu relación básica de criatura y Creador, es que eres totalmente aceptado. En la visión Cristiana de la meditación, descubres algo adicional. Descubres que eres amado en el silencio, que eres ama-ble. Es este descubrimiento que cada uno debemos hacer en nuestras vidas, si deseamos ser totalmente nosotros mismos, totalmente humanos.En la visión proclamada por Jesús, puedes ver lo que San Juan quería decír: “Dios es amor”. Lo extraordinario de esto (y esto es lo que personalmente me gustaría mucho poder lograr, poder comunicar a todos), que el amor se encuentra en tu corazón. Cada uno de ustedes, si solo pudieran llegar a este silencio, lo van a encontrar. Si cada uno puede llegar a ese espacio en ustedes mismos, descubrirán que pueden respirar el aire puro del amor.Regresando a la primera pregunta: ¿Por qué debes meditar? Esto es por lo que lo hacemos. Es llegar, como podríamos mejor describirlo, a la pura libertad del Espíritu. En la meditación estás totalmente despreocupado. No estás de ninguna manera esclavizado a ninguna imagen o idea, porque estás más allá de las imágenes y de las ideas pues estás en ese estado donde tienes plena libertad de ser tú mismo. Tienes esa libertad pues estás con El que es. Cuando termines de leer este texto, pregúntate a ti mismo “¿De qué se trata realmente la meditación?” – y respóndete: Es sobre el ser. El es. Yo soy. Puedes dar esta respuesta, pero finalmente la experiencia de la meditación es sobre el ser.Ahora, permíteme recordarte de nuevo. Primero meditamos de 20 a 25 minutos y vuelvo a repetir la importancia de estar tan quieto como puedas. No es una tarea difícil. Si necesitas moverte, no sientas que por eso vas a arruinar todo. Solo trata poco a poco de permanecer lo más quieto que puedas pues la meditación es sobre la unidad del cuerpo y del espíritu así como de la quietud del cuerpo y del espíritu. Así que cuando inicies, toma unos minutos para encontrar una postura cómoda y luego empieza a repetir tu mantra. No pienses en nada. No pienses en porqué tengo que hacer esto?, qué estoy obteniendo por hacer esto – no invites a los pensamientos. Simplemente repite y escucha la palabra. Mi consejo del fondo del corazón es que si quieres meditar es necesario que lo hagas todos los días de tu vida por un mínimo de 20 minutos en la mañana y 20 minutos en la noche. El tiempo ideal es de 30 minutos. Si encuentras que es demasiado, comienza con 20 minutos y gradualmente incrementa hasta llegar a los 30 minutos. El período ideal para meditar es antes del desayuno y antes de la cena. El lugar debe ser un lugar quieto y de ser posible, que sea siempre el mismo lugar.Sal un momento de tus pensamientos para que escuches este párrafo de un texto de San Pablo a los Colosenses. El habla de lo que Jesús hará por nosotros si estamos totalmente abiertos a El.“...y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. El los ha facultado para participar en la herencia de los santos, en el reino de la luz.Col: 1: 11-12)La meditación es sobre la iluminación pues es llegar a la luz de Dios. Esta es la relación básica: Creador y criatura. Y el Creador nos da a cada uno la luz para ser nosotros mismos.
El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.
jueves, 16 de septiembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
Más allá de la Ilusión
Para poder comprender bien lo que es la meditación, debes seguir un camino de sencillez. En el mundo en que actualmente vivimos estamos ya muy acostumbrados a poner nuestra fe en lo complejo. Pero creo que todos sabemos, en un nivel profundo de nuestro ser, que la paz real se encuentra en la profunda simplicidad del espíritu. Estas palabras que escribió San Pablo a los Efesios, deben fincarse muy bien en nuestros corazones:“estuvisteis entonces sin Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo; mientras que ahora, por Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo”. Efesios 2: 12-14
Una de las cosas a la que estamos invitados a conocer a través de nuestra propia experiencia es que hemos sido llevados, a través de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, a la paz profunda. San Agustin definía la paz como “la tranquilidad del orden”. La paz y el orden son necesarios para todo crecimiento. Son necesarios para profundizar en el ser, necesarios para darnos cuenta de nuestro gran potencial. Entonces la paz puede ser descrita como “la armonía de la energía dirigida”. Eso es lo que es la meditación. No consiste en tener una quietud pasiva. La meditación consiste en darnos cuenta de qué tan cerca estamos de la fuente de la creación, de la fuente de nuestra creación y de toda la creación. Es darnos cuenta de que con el poder de la creación, la energía de la creación fluye en nuestros corazones.El enemigo de la paz es la distracción. Nos distraemos cuando perdemos de vista el objetivo de armonizar nuestra vida, armonizar el poder que tenemos dentro de nuestro ser. Aunque podemos distraernos y dejar de ver este objetivo, podemos retomarlo. La causa de la distracción es el deseo de poseer. Cuando perdemos de vista este objetivo nos vamos de lo real a lo irreal.Recuerda de nuevo como meditar. Siéntate derecho, con la columna vertebral recta, respira calmada y regularmente y comienza a repetir tu palabra, Maranatha. Acentúala en 4 sílabas: ma-ra-na-tha. Repite la palabra del principio al fin de tu meditación. El propósito de la palabra es mantenernos en el camino, despegarnos de la ilusión y del deseo, para entrar a la realidad de Dios. En medida que nos mantengamos en el camino, en la medida que mantengamos la repetición del mantra, nos salimos de la distracción e iniciamos el camino que nos lleva al contacto con la base de donde surgimos.Si perdemos el objetivo, nos confundimos, nos atemorizamos. Es ahí cuando empezamos a buscar refugio en más distracción y en más ilusión. El camino de la meditación nos invita a confrontar la irrealidad, el miedo, la fantasía y la ilusión – y sobre-pasarlas. Del otro lado de la ilusión, del miedo y de la irrealidad, encontramos la paz y la tranquilidad del orden. Es la energía dirigida hacia la meta más alta. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a conocer es que esa energía es el amor. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a descubrir por propia experiencia, es que Dios es el amor.Como ya te lo he dicho, la meditación no es ensueño pacífico. Es estar totalmente despierto. Despertamos a estar en la presencia de Dios. Todo nuestro poder y nuestro potencial se dirigen a la verdadera meta final. Esa meta es Dios, el fin que es nuestro principio. En la experiencia de la paz de la meditación se nos revela quienes somos. Se nos revela que vamos por un camino fuera del miedo, fuera de la irrealidad, fuera de la ilusión – hacia la única realidad que es. Esa Realidad es Dios. Esa Realidad es el Amor.Debemos aprender a decir nuestra palabra, nuestro mantra. Debemos aprender a decirla del principio al fin de nuestra meditación, para así poder arraigarla en nuestro corazón y así podremos escucharla resonándola dentro, en la profundidad de nuestro ser. Aprender a arraigar el mantra toma tiempo. Si te preguntas “¿cuánto tiempo tomará?”, te puedes responder diciendo: “toma solamente el tiempo para darme cuenta de que no toma tiempo”. Ya estamos ahí. Escucha de nuevo lo que dice San Pablo: “.--que ahora, por Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo”. Esto es lo que debemos comprender y conocer en la meditación. Esto es lo que debemos saber por experiencia propia. Nuestra redención se lleva a cabo. El poder del Espíritu nos libera en nuestro corazón. Lo que nos impide ver esto es nuestra distracción. Nuestra mente esta desordenada y debemos liberarla. Para eso es la meditación. Por eso es muy importante meditar todas las mañanas y todas las noches.Siéntate, y al repetir tu mantra, libera las cadenas, los nudos que te atan a la irrealidad, a la ilusión y al miedo. Sabe que esos nudos no tienen poder sobre ti si estás abierto a la experiencia de Jesús. Su experiencia es que el es el amado Hijo de Dios. Lo que El ha logrado para nosotros es abrirnos a esa misma experiencia – de saber que somos hijos e hijas de un Padre amoroso, compasivo y comprensivo. En esa experiencia descubrimos lo que significa estar totalmente abiertos a su amor, totalmente abiertos a su misterioso ser, que está abierto en nuestros corazones, que es en nuestro centro. Es en nuestro centro donde lo encontramos. La meditación, el repetir el mantra del principio al fin cada mañana y cada noche, es sencillamente nuestro peregrinaje al centro donde El es y donde somos nosotros con El.
Una de las cosas a la que estamos invitados a conocer a través de nuestra propia experiencia es que hemos sido llevados, a través de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, a la paz profunda. San Agustin definía la paz como “la tranquilidad del orden”. La paz y el orden son necesarios para todo crecimiento. Son necesarios para profundizar en el ser, necesarios para darnos cuenta de nuestro gran potencial. Entonces la paz puede ser descrita como “la armonía de la energía dirigida”. Eso es lo que es la meditación. No consiste en tener una quietud pasiva. La meditación consiste en darnos cuenta de qué tan cerca estamos de la fuente de la creación, de la fuente de nuestra creación y de toda la creación. Es darnos cuenta de que con el poder de la creación, la energía de la creación fluye en nuestros corazones.El enemigo de la paz es la distracción. Nos distraemos cuando perdemos de vista el objetivo de armonizar nuestra vida, armonizar el poder que tenemos dentro de nuestro ser. Aunque podemos distraernos y dejar de ver este objetivo, podemos retomarlo. La causa de la distracción es el deseo de poseer. Cuando perdemos de vista este objetivo nos vamos de lo real a lo irreal.Recuerda de nuevo como meditar. Siéntate derecho, con la columna vertebral recta, respira calmada y regularmente y comienza a repetir tu palabra, Maranatha. Acentúala en 4 sílabas: ma-ra-na-tha. Repite la palabra del principio al fin de tu meditación. El propósito de la palabra es mantenernos en el camino, despegarnos de la ilusión y del deseo, para entrar a la realidad de Dios. En medida que nos mantengamos en el camino, en la medida que mantengamos la repetición del mantra, nos salimos de la distracción e iniciamos el camino que nos lleva al contacto con la base de donde surgimos.Si perdemos el objetivo, nos confundimos, nos atemorizamos. Es ahí cuando empezamos a buscar refugio en más distracción y en más ilusión. El camino de la meditación nos invita a confrontar la irrealidad, el miedo, la fantasía y la ilusión – y sobre-pasarlas. Del otro lado de la ilusión, del miedo y de la irrealidad, encontramos la paz y la tranquilidad del orden. Es la energía dirigida hacia la meta más alta. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a conocer es que esa energía es el amor. Lo que cada uno de nosotros estamos invitados a descubrir por propia experiencia, es que Dios es el amor.Como ya te lo he dicho, la meditación no es ensueño pacífico. Es estar totalmente despierto. Despertamos a estar en la presencia de Dios. Todo nuestro poder y nuestro potencial se dirigen a la verdadera meta final. Esa meta es Dios, el fin que es nuestro principio. En la experiencia de la paz de la meditación se nos revela quienes somos. Se nos revela que vamos por un camino fuera del miedo, fuera de la irrealidad, fuera de la ilusión – hacia la única realidad que es. Esa Realidad es Dios. Esa Realidad es el Amor.Debemos aprender a decir nuestra palabra, nuestro mantra. Debemos aprender a decirla del principio al fin de nuestra meditación, para así poder arraigarla en nuestro corazón y así podremos escucharla resonándola dentro, en la profundidad de nuestro ser. Aprender a arraigar el mantra toma tiempo. Si te preguntas “¿cuánto tiempo tomará?”, te puedes responder diciendo: “toma solamente el tiempo para darme cuenta de que no toma tiempo”. Ya estamos ahí. Escucha de nuevo lo que dice San Pablo: “.--que ahora, por Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo”. Esto es lo que debemos comprender y conocer en la meditación. Esto es lo que debemos saber por experiencia propia. Nuestra redención se lleva a cabo. El poder del Espíritu nos libera en nuestro corazón. Lo que nos impide ver esto es nuestra distracción. Nuestra mente esta desordenada y debemos liberarla. Para eso es la meditación. Por eso es muy importante meditar todas las mañanas y todas las noches.Siéntate, y al repetir tu mantra, libera las cadenas, los nudos que te atan a la irrealidad, a la ilusión y al miedo. Sabe que esos nudos no tienen poder sobre ti si estás abierto a la experiencia de Jesús. Su experiencia es que el es el amado Hijo de Dios. Lo que El ha logrado para nosotros es abrirnos a esa misma experiencia – de saber que somos hijos e hijas de un Padre amoroso, compasivo y comprensivo. En esa experiencia descubrimos lo que significa estar totalmente abiertos a su amor, totalmente abiertos a su misterioso ser, que está abierto en nuestros corazones, que es en nuestro centro. Es en nuestro centro donde lo encontramos. La meditación, el repetir el mantra del principio al fin cada mañana y cada noche, es sencillamente nuestro peregrinaje al centro donde El es y donde somos nosotros con El.
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