El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

viernes, 6 de abril de 2012

viernes Santo, 2012



¿Qué tiene de bueno referirse a un día en el que un hombre inocente y bueno es declarado culpable de cargos inventados, traicionado y abandonado por sus amigos, rechazado por la gente a quienes habló con la verdad, mental y físicamente torturado, crucificado y muerto?
La primera señal de bondad se encuentra en su modo de aceptación. Cuando pasan cosas malas nosotros podemos intentar negarlas o ellas nos pueden convertir en gente amargada y odiosa buscando revancha.

Claramente esto ultimo no sucedió en este caso. Desde su profunda bondad y amor se dirigió a sus enemigos con perdón y transitó lo vivido con una imparcialidad que cambió el mal hecho a él hacia el bien para otros.

“Solo Dios es bueno” le dijo al joven rico que buscaba la vida eterna pero estaba empantanado en sus posesiones.

Otra señal de bondad en los eventos hoy recordados, es el efecto transformante que tiene en otros. Comenzó en el momento histórico cuando ocurrió y continúa, ciertamente continúa acumulándose en sus efectos. Hoy una nueva consciencia penetró en el reino humano que ha comenzado a minar las raíces de la oscuridad en el alma humana, la que nos permite hacer tales cosas inhumanas a los demás olvidando quienes somos y olvidando que la fuente del ser divino está dentro da cada uno de nosotros.

Aun ante los hechos más terribles podemos encontrar un signo de alivio cuando han pasado. En este caso podemos ver que hay mucho más por hacer para elevar a la humanidad del ciclo de violencia en que ha caído y que es nuestro pecado original. Una violencia que se originó con la angustia de Cain y el ilusorio sentimiento de que no somos amados.

En la montaña de la Isla de Bere se eleva una cruz, quieta, firme, brillando en la noche, llena de una fe silenciosa. No lejos de ella alguien ha montado ilegalmente una turbina eólica. El molino de viento gira como el ego al viento dando un beneficio a corto plazo a costa de la mayor integridad. La cruz tiene más energía que el ego y contemplarla en nuestras vidas, abrazarla con su efecto transformante, es lo que hace de este Viernes un Viernes Santo.

Laurence Freeman OSB
Traducción por Marta Geymayr