El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

lunes, 30 de enero de 2012



Lecturas para el 29/01/2012


De John Main OSB, “Muerte y Resurrección,” MOMENTO DE CRISTO (New York: Continuum, 1998), pp. 68-70-

Toda la tradición cristiana nos dice… que si llegamos a ser sabios debemos aprender que nuestra verdadera morada no se encuentra aquí…Pero, la fantasía principal de tanta mundanería opera desde el completamente opuesto punto de vista…..La sabiduría de nuestra tradición…..es que la conciencia de nuestra debilidad física nos permite ver también nuestra propia fragilidad espiritual. Hay una conciencia profunda en todos nosotros, tan profunda, que se encuentra escondida la mayor parte del tiempo, que debemos entrar en contacto con la plenitud de la vida, y con su fuente. Debemos hacer contacto con el poder de Dios y de alguna manera abrir nuestra frágil “vasija de barro” al amor eterno de Dios.

La meditación es una forma de poder porque es la manera de entender nuestra propia mortalidad. Es la manera de enfocar nuestra propia muerte. Puede hacerlo porque se encuentra más allá de nuestra propia mortalidad, más allá de nuestra propia muerte hacia la resurrección, hacia una vida nueva y eterna, la vida que surge de nuestra unión con Dios. La esencia del Evangelio Cristiano es que estamos invitados a esta experiencia ahora, hoy. Todos nosotros estamos invitados a la muerte, a morir a nuestra propia auto-importancia, a nuestro propio egoísmo, a nuestra propia limitación. Estamos invitados a morir a nuestra propia exclusividad. Estamos invitados a todo esto porque Jesús murió antes que nosotros y resucitó de entre los muertos. Nuestra invitación a morir es también una invitación a una vida nueva, en comunidad, en comunión, a una vida plena sin miedo. Supongo que es difícil estimar a qué le teme más la gente__a la muerte o a la resurrección. Pero en la meditación perdemos todo nuestro miedo porque nos damos cuenta que la muerte es muerte al temor y la resurrección es surgir a una nueva vida.

Cada vez que nos sentamos a meditar entramos en este eje de muerte y resurrección. Lo hacemos así porque en nuestra meditación vamos más allá de nuestra propia vida y de todas las limitaciones de nuestra propia vida en el misterio de Dios. Descubrimos cada uno de nosotros desde nuestra propia experiencia, que el misterio de Dios es el misterio de amor, de amor infinito__amor que disipa todo temor. Esta es nuestra resurrección, nuestro elevarnos a la libertad plena que surge en nosotros cuando nuestra propia vida, muerte y resurrección están focalizadas. La meditación es la mejor manera de focalizar nuestra vida en una eterna realidad que es Dios. Una eterna realidad que se encuentra en nuestros corazones. La disciplina de decir el mantra, la disciplina de retornar diariamente a la mañana y a la tarde a la meditación tiene este logro supremo__focalizarnos totalmente en Cristo con una agudeza de visión que nos ve a nosotros mismos y a toda la realidad como verdaderamente es. Escucha a San Pablo escribiendo a los romanos:

“Ninguno de nosotros vive y ninguno de nosotros muere tan solo para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor. Ya sea que vivamos o muramos, somos del Señor.”
Después de la meditación, de W.S. Merwin, “The String.” THE RIVER SOUND (New York: Knoph, 1999), p. 133

La Hebra

Noche la cuenta negra
una hebra la atraviesa
con el sonido de un respiro

las luces aún están allí
Desde hace mucho tiempo
cuando no eran vistas

por la mañana
me era explicado
que lo que

llamamos estrella de la mañana
y estrella del atardecer
son lo mismo

Versión española de María Rosa (http://www.poemadeamor.net/2005)


martes, 24 de enero de 2012



Un extracto de la “Segunda Conferencia”, The Gethsemani Talks (Tucson, AZ: Medio media, 2000, pp.37-39.

La Meditación es oración de fe porque decidimos seguir el mandato del Maestro: decidimos perder nuestras vidas en pos de la completa realización de nuestro potencial.
Y cuando hemos encontrado nuestro verdadero Ser, nuestra tarea es tan solo comenzar.
Porque tan pronto como nos hayamos encontrado, lo que hicimos__de acuerdo a lo expresado por San Agustín­­--es haber dado el paso fundamental que nos llevará hacia Dios. Porque es tan solo entonces que encontraremos la confianza necesaria para el próximo paso, que es dejar de mirar nuestro nuevo Ser encontrado retirando la atención de nosotros mismos llevándola hacia el Otro. Y la meditación es oración de fe precisamente porque quedamos atrás esperando confiados antes que el Otro aparezca y sin garantía alguna de ello. La esencia de esta pobreza consiste en este riesgo de aniquilación.
Este es el salto de fe de nosotros hacia el Otro, es el riesgo que encontramos en todo lo que amamos…este es el momento delicado en el desarrollo de nuestra oración. Pues cuando nos damos cuenta de todo lo que se encuentra involucrado en la oración de entrega profunda, sentimos una fuerte tentación de volver atrás, de evadirnos del llamado a la pobreza total, de abandonar la práctica del mantra y la oración centrada en Dios retornando a la oración egocéntrica.

La tentación de retornar a ese tipo de oración podríamos describirla como la oración de piedad anestesiada que trae consigo una sensación irreal—el tipo de oración que Juan Casiano llamaba “pax perniciosa,” (paz ruinosa) y “sopor lethal” (sueño letal). Esta es una tentación que debemos trascender. Jesús nos ha llamado a perder nuestra vida, evitando quedarnos en términos medios. Si perdemos nuestra vida—y solo si la perdemos—la encontraremos.
La visión de oración de Juan Casiano, al concentrar nuestra mente en una sola palabra, es prueba de genuina renunciación. De acuerdo a esta visión renunciamos al pensamiento, a la imaginación, incluso a la conciencia misma de ser, matriz de lenguaje y reflexión.
Veamos porqué renunciamos a todos estos dones de Dios en el momento de oración…no es suficiente decir que renunciamos a ellos meramente porque son motivo de distracción. Sería por cierto absurdo negar que ellos son medios importantes de comprensión y comunicación. Tampoco renunciamos a ellos porque consideramos que ellos no tienen lugar en nuestra relación social o personal con Dios. Es obvio que nuestra entera respuesta litúrgica a Dios se basa en una palabra, gesto o imagen. Y Jesús mismo nos ha dicho que podemos orar al Padre en su nombre por todo aquello que necesitamos y por las necesidades del mundo entero.

Todas estas consideraciones deben ser tenidas constantemente en cuenta. Mas en el centro de nuestro ser todos nosotros sabemos la verdad de lo que Jesús quería decirnos cuando nos invitaba a perder nuestra vida para encontrarla. En este mismo centro, todos nosotros sentimos la necesidad de una simplicidad radical…En otras palabras todos nosotros sabemos de la necesidad de regocijarnos en nuestro ser de la manera más simple, sabiendo que existimos simplemente sin ninguna otra razón que para dar gloria a Dios, creador nuestro, que nos ama y sostiene en nuestro ser. Y es en oración que experimentamos el puro gozo de ser simplemente. Habiendo renunciado a todo lo que tenemos, a todo aquello por lo que existimos, nos presentamos ante el Señor Dios en pura simplicidad. Y en la pobreza del simple verso de Juan Casiano encontramos los medios….debemos perder nuestra vida para encontrarla, perderlo todo para llegar a ser todo.
Laurence Freeman

Después de la meditación: Un extracto de Juan Casiano, “La 10ma. Conferencia: Sobre Oración, XI,” JUAN CASIANO, CONFERENICAS, ed. Boniface Ramsay, OP (New York: Paulist Press, 1997), p. 383.

1. Mantengan la mente continuamente en esta forma de oración…hasta que renuncien y rechacen toda riqueza y abundancia de pensamientos. Corregida de esta manera por la pobreza de este verso, obtendrán muy fácilmente esa beatitud evangélica que se encuentra en el 1er. lugar de las demás beatitudes. Pues dice, “Benditos los pobres de espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.” Por lo tanto, quienquiera sea admirablemente pobre con este tipo de pobreza llevará a cabo estas palabras proféticas: “Los pobres y los necesitados alabarán el nombre del Señor.”
2. De hecho, qué pobreza puede ser mayor o más santa que aquella de aquel que se da cuenta que no tiene protección ni fuerza y que busca ayuda diariamente en otra gratificación, que comprende que esta vida se sostiene en todo momento en Dios?

martes, 10 de enero de 2012

al trascender el propio interés

Únicamente cuando comenzamos a trascender el propio interés y la propia conciencia, es cuando esta perspectiva más profunda comienza a abrirse. Otra manera de notar que nuestra visión se expande es cuando percibimos que comenzamos a ver más allá de las apariencias, hacia la profundidad y el verdadero significado de las cosas… no sólo en relación con nosotros mismos, sino también… con la totalidad de la que somos parte. Este es el camino del verdadero conocimiento de uno mismo, y es porque el conocimiento de uno mismo se identifica con la verdadera humildad. La meditación nos brinda esta preciosa forma de conocimiento, y este conocimiento se transforma en sabiduría, cuando la reconocemos, no por análisis y definición, sino por participación en la Vida y el Espíritu de Cristo.
La gran dificultad es dar el primer paso, lanzarnos en la profundidad de la realidad de Dios, como es revelado en Cristo. Una vez que abandonamos la costa de nuestro propio ser, rápidamente tomaremos las corrientes de la realidad que nos darán nuestra propia dirección e impulso. Cuanto más quietos y atentos estemos, responderemos más rápidamente a estas corrientes. Y entonces nuestra fe será verdaderamente espiritual y absoluta. A través de la quietud de espíritu, nos moveremos hacia el océano de Dios. Si tenemos el coraje de impulsarnos hacia él, no fallaremos en encontrar esta dirección y esta energía. Cuanto más lejos lleguemos, más fuertes serán las corrientes, y más profunda será nuestra fe. Por un momento la profundidad de nuestra fe se verá desafiada por la paradoja que el horizonte de nuestro destino estará siempre retrocediendo. ¿A dónde queremos llegar con la profundidad de nuestra fe? Entonces, gradualmente reconoceremos el sentido de la corriente que nos guía y veremos que el océano es infinito.

Dejar la costa es el primer gran desafío, pero es solamente necesario para comenzar a enfrentar el Desafío. Aunque los desafíos sean más difíciles con el tiempo, sabremos que se nos dará todo lo necesario para hacerles frente. Comenzamos repitiendo el mantra. Esta repetición nos hace volver al primer paso. Con el tiempo aprenderemos que entre Dios y nosotros hay un solo paso… Cristo lo ha tomado en sí mismo. Él mismo es el Paso… La única manera de conocer a Cristo es entrar en su misterio personal… dejando las ideas y las palabras por detrás. Las dejamos atrás para entrar en el silencio del conocimiento y el amor a los cuales la meditación nos conduce.






John Main OSB

domingo, 1 de enero de 2012

Lectura para el 1er. día del año 2012

Un extracto del libro de John Main OSB THE BURNING HEART: Leyendo el Nuevo Testamento con John Main editado por Gregory Ryan (London: Darton, Longman + aTodd, 1996) ps. 42 – 43.

Pues el mismo Dios que dijo “Del seno de las tinieblas brille la luz” la ha hecho brillar en nuestras mentes para iluminarnos con el conocimiento de la gloria de Dios, que brilla en el rostro de Cristo. (2 Cor 4:6)

Cristo es luz. Él es la luz que da alcance y profundidad a nuestra visión. Él es también, en su conciencia realizada, los ojos con los que vemos al Padre con perspectiva divina.

Sin su luz nuestra visión quedaría atada a la dimensión parcial y nuestro espíritu no podría elevarse sobre sí mismo en la libertad infinita y la claridad cristalina del estado unificado. Nuestra conciencia aunque maravillosa, podría permanecer como mero observador en la periferia, sin haber logrado la unión con su conciencia ni coordinación con su Cuerpo….

Pero la luz que transforma nuestra debilidad, que hace de nuestras limitaciones el crisol en el que su poder se perfecciona, nos ha sido entregada libremente, vertida en nuestro corazón como refulgencia pura por el Padre, pues Cristo es el resplandor del Padre.

La luz que necesitamos para fortalecer nuestra visión no es menor a este resplandor, es la gloria del mismo Dios.
Para aquellos de nosotros que seguimos humildemente el peregrinaje de la oración en esta experiencia de luz, este es el único conocimiento fundamental que necesitamos. The Present Christ), ps. 15 – 160

Después de la meditación, de UNSEEN RAIN: Cuartetos de Rumi, por John Moyne and Coleman Barks (Putney, VT: 1986) P. 11

Algunas noches, quedaos hasta que amanezca,
De la misma manera como la luna espera al sol.
Sed un balde lleno levantado a través del camino oscuro de un pozo, hacia la luz.