El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

sábado, 15 de octubre de 2011

Por qué temer?



“Y a ustedes, ¿quién les va a hacer daño si se esfuerzan por hacer el bien? Dichosos si sufren por causa de la justicia! No teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar. Más bien honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” (1 Pedro 3:13-15)Honren en su corazón a Cristo...´ El mundo en que vivimos pasa. Todos lo sabemos, los reinados suben, tienen períodos de poder y luego se caen. Y la lección de la historia es que cuando se caen, se caen muy rápido. La sabiduría, en este caso, es tener la habilidad de identificar lo que dura, comprender lo que perdura y lo que es verdaderamente importante. Las primeras comunidades Cristianas comprendieron muy claramente que cada uno de nosotros poseemos, y lo poseemos en este momento, en esta vida, que hay un principio eterno en nosotros, algo en nuestro corazón que perdura para toda la eternidad – nuestro Señor Jesucristo. Por eso debemos “honrar a Cristo en nuestro corazón”.Para poder vivir nuestras vidas bien no debemos deprimirnos al ver que el mundo pasa, que las civilizaciones se caen. No debemos molestarnos cuando vemos que en el mundo hay un gran caos. Todos lo sabemos – hay mucha confusión. Hay mucha gente confusa y también podemos ver que también en nuestras vidas tenemos períodos de confusión y de caos. Pero el reto que cada uno tenemos, y que cada ser humano debe finalmente enfrentar, es el poder encontrar en el mundo real, en este mundo caótico y que pasa, la paz verdadera, el orden y la armonía adecuada y que permitirá dar sentido a las voces que compiten por nuesetra atención. De nuevo, las primeras comunidades Cristianas veían esto con mucha claridad, pues lo sabían por su propia experiencia que Jesús mismo es el camino al orden, a la armonía y a la paz. Ellos sabían que El es el camino que nos lleva a la armonía resonante de la misma Trinidad, al orden, al supremo orden que está basado en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.El camino de la meditación no es un camino de escape. Sobre todo, no es un camino a la ilusión. No estamos tratando de escaparnos de un mundo con fines desordenados o principios caóticos ni tampoco estamos tratando de construir un mundo alternativo de ilusiones de nosotros mismos. Lo que Jesús nos promete es que si nos afianzamos en El, en reverencia en nuestro corazón, si creemos en El y en Aquel que lo envió, entonces todo el caos y la confusión del mundo dejan de tener poder sobre nosotros. Las tensiones, las cadenas, los retos, están ahí pero sin que puedan destruirnos, pues hemos encontrado la roca que es Cristo. Esta es la tarea real. Este es el reto real que cada uno de nosotros debemos de enfrentar para entrar a la realidad de Cristo, la roca en la que debemos construir nuestras vidas, con la absoluta seguridad de que El nos ama con nuestros errores, con nuestros cambios de corazón y de mente y en todo momento de nuestras vidas, hasta el último momento de nuestra vida, porque El es el Amor supremo.Es por eso que San Pedro nos dice qué importante es honrar a Cristo en nuestro corazón. Arraigados en El, entonces nos arraigamos en el principio de la vida, en la misma realidad, y fundados en El, nada tiene poder sobre nosotros, ni siquiera la muerte. El reto es encontrar el camino hacia El, encontrando el camino hacia nuestro corazón y que lo podamos honrar desde ahí. El camino de la meditación es consecuentemente un camino para aprender a morir a la ilusión, a la irrealidad, y así de esta manera aprendemos a resucitar con Cristo, a resucitar más allá de nosotros mismos y de nuestras limitaciones a la vida eterna. Es aprender esto ahora, hoy mismo, y dejar de posponer la vida eterna cuando nos vayamos al cielo. El Reino de los Cielos está aquí entre nosotros, y debemos abrirnos a ello porque, como lo dice San Pedro, debemos estar vivos en el Espíritu y estar totalmente vivos en la vida de Dios. Como Cristianos, no debemos conformarnos con menos. Nuestra vida Cristiana no es cuestión de solamente pasar por la vida. Cada palabra en el Nuevo Testamento nos dice que es de suprema importancia que debemos vivir nuestras vidas en una continua expansión, expansión del corazón, expansión del Espíritu, creciendo en el amor y arraigándonos cada vez más en Dios. Cada uno de nosotros debemos entender nuestro potencial, que estamos expandiendo nuestro universo, por lo que cada uno de nosotros posee el potencial de energía-expansión que no es nada menos que infinita.En la misma carta de San Pedro él nos dice que debemos vivir una vida de orden, fundada en la oración, y nos dice que nos amemos unos a otros con toda nuestra fuerza. Este es el camino de la meditación – tocar la fuente de la vida, la fuente de la energía y del poder, para que así podamos vivir nuestras vidas en plenitud. Y lo hacemos honrando al Señor en nuestro corazón. Mira de nuevo lo que dice San Pedro:“Y a ustedes, ¿quién les va a hacer daño si se esfuerzan por hacer el bien? Dichosos si sufren por causa de la justicia! No teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar. Más bien honren en su corazón a Cristo como Señor.... Por esto también se les predicó el Evangelio aún a los muertos para que, a pesar de haber sido juzgados según criterios humanos en lo que atañe al cuerpo, vivan conforme a Dios en lo que atañe al espíritu... así que para poder orar bien, manténganse sobrios y con la mente despejada. Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados”. (1 Pedro 3:13-15; 4:6

Laurence Freeman OSB

domingo, 9 de octubre de 2011

Porqué meditamos?

Una de las preguntas que enfrentamos los meditadores es: "¿Porqué meditamos?" Supongo que ninguno de nosotros meditaríamos si no hubiéramos pensado que la vida no es solo producir o consumir. Sabemos que no podremos encontrar algo permanente o significativo que vaya más allá del producir o consumir. Entonces buscamos lo duradero, el significado último. Llegamos a la meditación porque un instinto interno nos dice que no lograremos encontrar la satisfacción en consumir o producir ni tampoco podremos encontrar esa satisfacción fuera de nosotros mismos. Debemos comenzar con nosotros mismos.

En nuestra sociedad mucha gente enfrenta los problemas del ser, de la vida, de lo que esta significa y busca refugio en la inconsciencia o en el olvido. Se puede sintetizar con esta frase: “Estar mentalmente drogado”. Marx, una de las influencias más formativas de nuestra sociedad veía la religión como el opio de los pueblos. De cierta forma podemos volcarnos a la religión como una forma de anestesia para confrontar o colocarnos en un estado de inconsciencia. Pero la meditación cristiana nada tiene que ver con la anestesia. La meditación es el camino a la iluminación, hacia la luz y hacia la vida. El mensaje de Cristo es de vitalidad y de iluminación. Y el camino para ello es un camino de sencillez, de no distraernos por todo aquello que pasa, sino que cada vez nos comprometemos más con lo que es duradero y eterno.Nuestro propio espíritu es duradero. Nuestro propio espíritu es eterno en Dios. Esto está bien como reflexión intelectual o religiosa, incluso, como convicción religiosa. Pero el llamado del Cristianismo es un llamado auténtico de una verdadera doctrina espiritual – abrirte a tu espíritu eterno, abrirte a estar arraigado en lo Eterno. Empieza a hacer camino, empieza tu peregrinaje hacia la luz, hacia la plenitud del significado. Entonces, cuál es el camino?Es un camino de pobreza y de simplicidad, porque el camino hacia la plenitud del conocimiento es el camino de desaprender. Permíteme recordarte cómo es el camino de la meditación: “Primero siéntate y permanece quieto. Cierra tus ojos y comienza a repetir tu palabra, ´Maranatha¨. Recita tu palabra con toda atención, pero relajadamente, repítela con toda lealtad pero serenamente en cuatro sílabas igualmente acentuadas: Ma-ra-na-tha´.Repetimos esta palabra porque estamos haciendo un peregrinaje más allá de nosotros mismos, más allá de nuestras limitaciones. Para poder ir más allá de nosotros mismos debemos trascender nuestra imaginación, y la palabra es el camino, el vehículo que nos lleva hacia delante. El reto de la meditación es el poder tomar la disciplina de repetir la palabra y al continuar diciéndola aprendemos a ser pacientes, aprendemos a esperar yal movernos hacia delante, llegamos a nuestro centro. El camino a la riqueza duradera es un camino de pobreza. El camino a la iluminación es por la oscuridad. Debemos pasar por esto con una mayor disciplina y con una mayor lealtad.Pero debemos comprender esto – es un camino sencillo. Es integralmente sencillo. Es un camino seguro. Lo único que se requiere es el retornar diario a ello – sin exigencias ni sin medidas de éxito materialistas. Simplemente la fidelidad, la simple pobreza de espíritu. Cada mañana y cada noche dedicas tu tiempo no a aquello que pasa, sino a lo que perdura: tu espíritu vivo y lleno de la luz de Dios. Tenemos un llamado maravilloso. Escucha como lo describe San Pablo a los Tesalonicenses:
Nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quiénes Dios ha elegido desde el principio para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe verdadera. A ésta precisamente os llamo por medio de nuestro evangelio, para que alcanzaseis la gloria de nuestro Señor Jesucristo”.
John Main